Las vendimias en España

Aunque todavía son muchas las cosas que tienen que suceder en esta campaña y noticias que publicar relacionadas con las vendimias, su producción, precios y calidades, lo bien cierto es que, a diferencia de temporadas anteriores, la cosas han transcurrido con cierta tranquilidad.
Las estimaciones han ido todas (con sus más y sus menos naturales) en la misma línea, situándose entre los treinta y ocho y los cuarenta millones de hectolitros. Los precios de las uvas han recuperado un poco su valor, insuficientemente, claro, para situarlos en la franja de la rentabilidad, pero que al menos han servido para compensar la pérdida de producción allá donde mayor ha sido, caso de Castilla-La Mancha.
Incluso el errático y extraño comportamiento de los mostos, con cotizaciones que se situaron por encima de las que corresponderían a los marcados por las uvas, se ha mantenido en una línea bastante estable a lo largo de las semanas.
Sin duda, una vendimia 2021 bastante tranquila para lo que cabría esperar, con un descenso tan pronunciado de la producción y unas circunstancias tan extrañas del mercado interno y su consumo.
Aunque, quizá, ahí sea donde encontremos la explicación a todo lo sucedido. Precisamente en esas circunstancias tan extrañas, que han hecho que la prudencia y la consciencia de una situación extraordinaria de los mercados nos hayan dotado de una mayor percepción de las enormes dificultades para alterar más las cosas.
Tampoco ha sido ajeno a toda esta coyuntura lo sucedido con nuestras exportaciones, con un buen comportamiento en los últimos meses de la campaña anterior que ha permitido aliviar la presión que ejercen las abultadas existencias en las bodegas y favorecido la realización de operaciones de tanteo en las primeras semanas de la presente campaña 21/22.
Y digo de tanteo, porque como ha venido sucediendo en ocasiones similares de bajas producciones en esos países de destino, sus operadores “calientan” el mercado con contratos que elevan los precios y animan las expectativas de los productores hasta conseguir que los suyos no resulten tan poco competitivos y, una vez conseguido, frenan sus operaciones de manera brusca.

Las vendimias en España

De momento (tiempo habrá para que cambien las cosas), todos los operadores parecen estar contentos con la evolución de la campaña 2021/22. Volúmenes ligeramente inferiores a los del año pasado, lo que permitirá absorber con cierta facilidad el exceso de existencias acumuladas. Precios sostenidos en las uvas, pero que aseguran los del año pasado en muchas zonas y los superan por encima del veinticinco por ciento en aquellas donde más bajos estuvieron. En cuanto a la calidad del fruto, a pesar de las importantes tormentas pre vendimia, estas no han acabado trasladándose al viñedo permitiendo que los brotes de podredumbre fueran controlados sin demasiados problemas. Y unos mostos que se presentan equilibrados, ligeramente inferiores en grado y a unos precios que permiten presagiar un mantenimiento de la recuperación que se iniciara a finales de la pasada campaña en el mercado de los vinos.

Todo ello aderezado de un ambiente de recuperación del consumo y la actividad social mundial, especialmente en los principales mercados a los que exportamos y unas producciones altamente contraídas en los principales países productores europeos.

La coyuntura permite disfrutar a viticultores, bodegueros y exportadores de un contexto sin las tensiones propias de otros años. Lo que, considerando el momento del que venimos, se agradece y nos hace albergar cierta esperanza sobre la posibilidad de que, todos, acaben viendo en la campaña 21/22 la campaña de recuperación del sector.

Los problemas de falta de mano obra, los requisitos impuestos por el Covid-19 a la hora de manejar las cuadrillas, los precios por hora marcados por convenio… y todas aquellas cuestiones relacionadas con las vendimias apenas superan lo anecdótico de unos problemas que se han vuelto endémicos y a los que el sector lucha por encontrar solución con la mecanización, cada vez mayor, del viñedo.

Por otro lado, el otro gran caballo de batalla, que sería la calidad del fruto y su traslación a los vinos, está garantizada, o al menos así lo atestiguan todas las valoraciones realizadas por organizaciones agrarias, elaboradores y consejos reguladores. Cuestión de enorme importancia de cara a la comercialización de los elaborados y que, gracias a la profesionalidad de nuestros viticultores y los medios técnicos con los que cuentan nuestros técnicos, asegura los mínimos exigidos por los mercados.

Con respecto al volumen final, lógicamente, sigue siendo una incógnita, si bien cada vez adquiere más probabilidad la opción de contar con una cosecha situada en el entorno de los 38 millones de hectolitros, con una gran ventaja de que sean las comunidades más productivas y que con menores precios medios cuentan las que soportan la mayor parte de esa pérdida de producción estimada.

Las vendimias en España

Aunque todavía son muchas las zonas donde las vendimias están en pleno apogeo, poco a poco pueblos enteros abandonan el ajetreo de los tractores y remolques para centrar su atención en la fermentación de unos mostos que darán origen a excelentes vinos de 2021.

Si malas han sido las condiciones bajo las que se han desarrollado las vendimias, temporales históricos, heladas en floración, granizos y sequía, acompañados de episodios descompasados con la viña de lluvias (algunas de ellas torrenciales y otras inoportunas) que impedían iniciar las labores de corte; el buen trabajo de los viticultores y, también, su dinero han hecho posible llegar a este momento con unas buenas perspectivas. Si no en cantidad, sí al menos en calidad.

No han sido ajenas estas vendimias de 2021 a brotes de podredumbre, como tampoco lo fueron a las enfermedades criptogámicas, pero, gracias a una buena programación de los técnicos en bodega y el respeto de las indicaciones recibidas, ha sido posible separar aquellas partidas que no fueron capaces de escapar de los perversos efectos de la botrytis y los mostos presentan unas excelentes condiciones para la elaboración de vinos de calidad y guarda.

Los volúmenes, con muchas reservas todavía sobre cómo pueda acabar cerrándose la campaña, no difieren gran cosa de las previsiones inicialmente manejadas y, con el millón arriba o abajo que pudiera presentarse, los treinta y ocho millones son una referencia que parece ir tomando, cada día que pasa, más protagonismo. Cantidad, sin duda, suficiente para hacer frente a todas nuestras necesidades y de la que se espera sea capaz de recuperar unas cotizaciones que se situaban, hace escasos meses, en mínimos.

Y, aunque es verdad que en las últimas semanas el ímpetu con el que se inició la campaña parece haberse relajado y dado paso a la prudencia y selección por parte de los bodegueros, tanto en sus adquisiciones de fruto como en las transacciones de vinos y mostos; la operatividad sigue siendo más que aceptable. Como así avala la estabilidad en las cotizaciones.

Es verdad que una buena parte de esta estabilidad dependerá directamente de cuál sea la evolución de nuestras exportaciones, que parecen haberse relajado en las últimas semanas. Pero parece lógico pensar que es un comportamiento natural de mercado y nada hace pensar que se vayan a frenar y poner en peligro la recuperación iniciada meses pasados.

Como tampoco que la evolución de los precios, especialmente todos los relacionados con la energía, vayan a ser un gran hándicap para que el consumo interior vuelva a las tasas pre pandémicas una vez recuperada la normalidad en la hostelería y llegada de turistas.

Las vendimias en España

De lo sucedido esta última semana, sin duda lo más importante ha sido la aparición de tormentas, en algunos casos acompañadas de granizo, que se han venido sucediendo en gran parte de la geografía española. Sus efectos, aunque a priori irrelevantes, han supuesto un quebranto en la planificación de muchas bodegas, que se han visto obligadas a paralizar los trabajos de recogida de la uva.

Sus consecuencias sobre la calidad del fruto, aunque están por verse, no parece, siempre en términos generales, que vayan a ser considerables, sin que el volumen y la calidad esté previsto que cambien, salvo en localidades y parcelas muy concretas.

Hablando en términos generales, la estimación de cosecha realizada por la Junta Directiva de la Interprofesional del Vino de España celebrada el pasado 17 de septiembre y dada a conocer el pasado día 23, viene a sumarse a las anteriormente publicadas por Cooperativas y algunas organizaciones agrarias como Asaja o UPA. Coincidiendo en una cantidad que rondaría los 39 y los 40 millones de hectolitros. Un 15% por debajo de la del pasado año, siguiendo la estela de lo sucedido en el resto de los grandes países productores europeos. Y en línea con lo vaticinado inicialmente por el resto de las organizaciones.

Fenómenos como la sequía; fuertes lluvias en forma de Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA), lo que anteriormente se conocía como Gota fría; brotes de enfermedades criptogámicas, con especial incidencia de mildiu; incluso en algunas zonas incendios forestales que han acabo afectando a los viñedos; explicarían esta pérdida de producción, que se situaría (recordemos) entre el veintinueve por ciento de Francia, el nueve por ciento de Italia y el quince que a España también le augura el COPA-Cogeca en su estimación de vendimia. Fijando la horquilla de la cosecha europea entre los 140 y los 145 millones de hectolitros, una producción históricamente baja, muy similar a la del 2019/20 y lejos de los 174 millones de hectolitros elaborados en la 2018/19.

Y, al igual que sucediera con el resto de vaticinios, tampoco en esta ocasión, ha querido la Interprofesional dejar de poner en valor el gran trabajo realizado por nuestros viticultores que han conseguido hacer frente a todas estas inclemencias y llegar a la vendimia 2021 con un fruto sano y de una buena calidad.

Sobre los precios a los que están cerrando las bodegas sus contratos y la imposibilidad de cubrir sus costes de producción los viticultores, se han limitado a valorar la plurianualidad de los contratos homologados, que debieran otorgar estabilidad a sus operadores y dotar de mayor trasparencia a la cadena.

Las vendimias en España

Pasan las semanas y con ellas las vendimias se van generalizando, y eso que, a diferencia de otros años, las condiciones meteorológicas, pero especialmente las previsiones para los próximos días, aconsejarían su recogida inmediata. Pero, si se quiere poder elaborar vinos con la calidad demandada por el mercado, es necesario esperar a alcanzar los coeficientes de madurez óptimos, aunque en ello vaya inmerso una buena cantidad de miedo a que una granizada o lluvias torrenciales den al traste con el trabajo de todo el año.

Han sido cuantiosos los tratamientos que los viticultores han tenido que darle a la viña para luchar contra las enfermedades criptogámicas, especialmente el mildiu. Mucho el trabajo que han tenido que hacer por conducir la viña hasta estos niveles de calidad y, aunque los precios no estén respondiendo, al menos como era de esperar ante el panorama general de la cosecha a nivel europeo, la profesionalidad de nuestros viticultores ha vuelto a ponerse de manifiesto con un total y absoluto compromiso con su trabajo.

Las cantidades recogidas confirman las previsiones de una cosecha mucho más corta que la anterior, las existencias publicadas por el último Infovi con datos hasta el 31 de julio las sitúan ligeramente por encima de las del año precedente, y eso a pesar de todo lo que el mercado ha sufrido con el cierre de la hostelería. Y, pese ello, lo que no acaban de arrancar son los precios de la uva.

Incrementos que apenas suponen un pequeño porcentaje de mejora con respecto a las del año anterior, si es que se producen y no son las mismas cotizaciones, no consiguen compensar la pérdida de producción, alejándose más si cabe de ese umbral de rentabilidad mínima exigida por las organizaciones agrarias. Los precios de los mostos, más elevados que los del pasado año, tampoco resultan coherentes con esta situación. Y, aunque una buena parte de la producción (se calcula sobre dos tercios) se encuentre en manos de cooperativas, cuyo pago de la uva estará relacionado con el precio al que consigan vender sus vinos a lo largo de la campaña; aquellos viticultores que venden sus uvas en el mercado libre se muestran estupefactos por una situación que ha encontrado uno de sus máximos exponentes en la demora con la que algunos de los principales elaboradores han tardado en hacer públicas sus tablillas, especialmente las referida a la variedad Airén.

Sin duda, el retraso en la maduración del fruto y la tardanza en el inicio de las tareas de vendimia que anteriormente comentábamos han propiciado esta coyuntura, pero se barrunta que no solo en estas cuestiones pudiera estar la explicación de la situación, y sí en esa especie de guerra declarada que mantienen desde hace años entre ellos.

Las vendimias en España

Poco a poco van generalizándose unas vendimias caracterizadas por un ligero retraso sobre las fechas de los últimos años. Lluvias y la sucesión de días de altas temperaturas con otros de un calor contenido, han provocado que las primeras labores de vendimia estén resultando bastante heterogéneas, encontrándose los consejos reguladores con más complicaciones de las que eran habituales en años precedentes a la hora de poder fijar la fecha oficial de inicio.

Uno de los aspectos que más preocupaba, los numerosos y generalizados focos de enfermedades criptogámicas, especialmente mildiu, que estaban teniendo lugar en prácticamente toda la geografía, parecen haberse frenado a tiempo. Y, si bien la cantidad no podrá ser recuperada y generará pérdidas sustanciales de cosecha, al menos, lo que sí parece estar a salvo es la calidad de la vendimia. En términos generales, muy buena.

Cosecha que, considerando las grandes dudas que todavía pesan sobre cuál será la evolución del mercado durante los próximos meses y si la normalidad deberá aplicarse con algún que otro condicionante que acabe afectando a la tradicional forma de consumir en nuestro país; se presenta bastante equilibrada y suficiente para facilitar la salida ordenada de los excedentes que las bodegas tienen almacenados.

Mucho menos equilibrado parece estar siendo el mercado de las uvas. Para el que estas incertidumbres están pesando mucho y llevando a las bodegas a sostener posiciones comerciales extraordinariamente prudentes en la fijación de sus cotizaciones. Todos valoran la cosecha de “suficiente” como para no ir a provocar tensiones en el mercado y trasladar las incertidumbres al del vino, abasteciéndose de uva en estos primeros compases de campaña, lo que explicaría que precios de uvas y vinos no resulten muy coherentes. Con una recuperación en los vinos, más o menos, importante y unos precios contenidos en las uvas.

Situación que está poniendo en evidencia la escasa utilidad de algunas de las leyes aprobadas y en base a las que los viticultores confiaban en desterrar precios por debajo de los costes de producción y que la realidad está demostrando mucho más complicado que la mera fijación de los mismos por parte de unos expertos.

Caídas en la producción que se confirman en los principales países, con estimaciones de cosecha que dejarían la cosecha italiana en los 44’546 millones de hectolitros (-9’21%) según la Asociación de Enólogos, la UIV  y el Ismea. Siendo de destacar lo sucedido en la Toscana o Lombardía, con pérdidas del 25’31% y 19’99% respectivamente, mientras que Sicilia aumentaría el 8’91% y la Puglia apenas perdería el 5%.

Mientras que la agencia ministerial francesa Agreste sitúa la suya en los 33’328 Mhl (-28’97%) con una fuerte caída en los vinos sin indicación de calidad (antiguos vinos de mesa) que elevarían la pérdida hasta un 30’48% con respecto el año pasado.

Las vendimias en España

Los frecuentes episodios climatológicos sucedidos durante la pasada semana en la geografía española, especialmente relacionados con fuertes lluvias y algún que otro de granizo, no han hecho sino confirmar las estimaciones a la baja con la que venían trabajando las diferentes organizaciones agrarias y cooperativas. Previsiones que, millón arriba o abajo, dejarían la cosecha en el entorno de los treinta y nueve millones de hectolitros. Muy próxima a la que obtuvimos en el año prepandémico del 2019 cuando nos quedamos en los 37,728 Mhl pero muy lejos de los 42,853 que sería la media de los últimos cinco cosechas o los 46,493 de la anterior.

Sea como fuere, lo que sí marca una diferencia clara con respecto a cualquier año es la fuerte caída que deberán soportar nuestros socios italianos, cuyas primeras estimaciones sitúan la cosecha en el entorno de los cuarenta y cinco millones de hectolitros, muy lejos de los más de cuarenta y nueve en los que está la media de las últimas cinco. O lo que todavía es mucho peor, de nuestros vecinos franceses, cuya segunda estimación publicada por Agreste y referida al primero de septiembre, apenas la sitúa por encima de los treinta y tres millones de hectolitros (33,328), cuando el pasado año rozaban los cuarenta y siete (46,923) y su media está por encima de los cuarenta y cuatro (44,210).

Circunstancia que nos permite asegurar que nos enfrentamos a una de las vendimias más cortas en la Unión Europea de su historia y que debería permitirnos albergar alguna esperanza de un mercado ágil en sus operaciones, favorable para nuestras exportaciones y de precios más altos de los ruinosos con los que hemos tenido que ir transitando sobre una campaña 20/21 y que la han convertido en una verdadera pesadilla, a olvidar lo más rápidamente posible.

Aun así, de lo que conocemos hasta ahora, no podemos decir que vayan mucho mejor las cosas. Pues si bien las bodegas que han publicado sus tablillas en Castilla-La Mancha lo han hecho anunciando subidas considerables sobre las del pasado año, la realidad dista bastante. Puesto que para encontrar ese gran aumento en los precios deberíamos irnos a las primeras publicadas, sin considerar las sucesivas correcciones que a lo largo de las vendimias se fueron produciendo y que reducen, muy considerablemente, esos incrementos de los que presumen en sus notas de prensa.

Algo más interesante se presenta el mercado de vinos y mostos, donde, efectivamente, sí están cotizando a precios notablemente por encima de los del pasado año y en el que se respira un cierto aire de optimismo ante la posibilidad de sostener en el tiempo esa tendencia alcista y llevar sus precios a niveles que hagan rentable la actividad. Cosa que tendrán muy difícil los viticultores, cuyas pérdidas de producción exceden en mucho los posibles incrementos en precios y cuyos costes se han visto fuertemente incrementados por un número mucho mayor de tratamientos con los que poder hacer frente a las enfermedades criptogámicas, especialmente el mildiu. Gracias a los cuales ha sido posible llegar a este momento con un fruto sano y de calidad.

Las vendimias en España

A pesar de que son muchos los acontecimientos que todavía deberemos abordar para que la vendimia 2021 sea una realidad, las estimaciones que se barajan resultan bastante coincidentes. Pues, si bien, desde las diferentes organizaciones que las realizan existen las naturales divergencias, éstas son, al menos hasta ahora, bastante reducidas con respecto a las de otros años, cifrando en los TREINTA Y NUEVE millones de hectolitros una referencia bastante exacta sobre la que podría situarse esta vendimia, millón arriba o abajo.

Especialmente llamativa resulta la reducción que experimentará Castilla-La Mancha (-20%) la que, si bien no está previsto sea la que mayor cosecha pierda con respecto a la del año pasado, sí que su volumen, cerca de veintitrés millones de hectolitros, la hace especialmente relevante. Ratio sobre el que se sitúan regiones tan importantes como son Extremadura (-22%) o la Comunidad Valenciana (-27%) segunda y tercera respectivamente en orden de producción más importantes de España. Con Cataluña y Galicia como las dos únicas regiones, de las principales productoras, que presentan cosechas superiores a las del pasado año.

Sobre el otro gran tema, el de los precios de las uvas y mostos, decir que las primeras tablillas publicadas representan un ligero aumento sobre las del año pasado, aunque por debajo de la pérdida de cosecha. Lo que, en muchos casos, hará muy complicado que los ingresos brutos de los viticultores superen la cuantía percibida el pasado año y, desde luego, imposible que lo hagan en términos netos. Pues si algo ha caracterizado esta campaña vitícola, han sido los numerosos tratamientos que han tenido que darse al viñedo para luchar contra las enfermedades criptogámicas, especialmente mildiu, verdadero responsable de la pérdida de producción.

En lo que hace referencia a los precios de los mostos, de lo conocido hasta ahora podríamos decir que presentan una clara tendencia alcista, con incrementos mucho más evidentes que el mostrado para las uvas y una impresión bastante generalizada de que así se mantendrá en las próximas semanas.

Estimaciones bajas en España, pero especialmente en los dos grandes productores mundial: Francia e Italia, permiten albergar esa esperanza de precios mucho más elevados que los vividos el pasado año.

En cuanto al tema de la calidad del fruto y los mostos. Nada que difiera de lo que se estima todos los años: buen estado sanitario y calidad óptima.

Una vendimia que, a priori, no difiere mucho de lo que viene siendo habitual y que tendrá en el precio de las uvas el principal escollo.

Las Vendimias en España

Por encima de volúmenes, calidades y precios, dos acontecimientos marcarán esta cosecha para el resto de la historia. Uno, confiemos en que totalmente excepcional y al que no tengamos que referirnos nunca más, ha sido la pandemia del coronavirus Covid-19 que nos asola y que lleva cambiándonos la vida de forma inimaginable desde marzo, amenazando con seguir haciéndolo hasta principios de mayo. Esta situación ha supuesto la puesta en marcha de unos protocolos sanitarios jamás vistos y ha condicionado la vendimia con un sobrecoste que, de una forma directa, teniendo que hacerle frente cada bodega, o indirecta, a través de los Consejos Reguladores o Consejerías, han llegado en el momento más delicado que viven nuestras bodegas, con una pérdida sustancial de sus ventas y un futuro totalmente incierto.

La segunda, mucho más “normal”, pero no por ello habitual, afortunadamente, han sido las enfermedades criptogámicas, porque han sido dos: mildiu y oídio. Dos hongos que, cada cierto tiempo, y, siempre que las condiciones de humedad y temperatura les sean favorables, atacan a la viña de manera continuada y acaban haciendo muy difícil y costoso su tratamiento. Con efectos sobre la cantidad y calidad del fruto que pueden ser, desde apenas considerable, a suponer la pérdida de la totalidad de la cosecha.

Ambos acontecimientos se han unido en una campaña para formar una tormenta perfecta en la que las necesidades del mercado aconsejaban una producción corta que permitiera aliviar las importantes existencias almacenadas como consecuencia de la paralización de la hostelería, pero que, en algunos lugares, se ha visto fuertemente superada, afectando a la calidad del fruto. Estar confinado durante los meses de marzo, abril y mayo, cuando el hongo se cebaba con la viña y no poder ir al viñedo a tratarlo preventivamente, han representado un quebranto para muchos viticultores.

Y, a pesar de ello, los precios de las uvas han vuelto a adquirir el protagonismo de otras campañas ante la denuncia de las organizaciones agrarias de resultar insuficientes para hacer frente a los propios costes Politécnica de Valencia para la Interprofesional del Vino sobre la determinación de los costes de producción en las diferentes comunidades autónomas, según diferentes sistemas de conducción y disposición de regadío o no. Cuyo objetivo era dotar al sector de un modelo con el que facilitar que cada viticultor pudiera acceder a un conocimiento preciso de sus costes de producción y que ha sido utilizado como referencia del precio mínimo que debiera pagarse por las uvas. Acusando a las bodegas de estar obligando a los viticultores de vender a pérdidas. Lo que resultaría totalmente inaceptable, al impedir la Ley de la Cadena de Valor que esto pueda producirse.

Aún con todo y con ello, la cosecha ha seguido su ritmo y las vendimias han acabado por llevar hasta los lagares un volumen que, según nuestras estimaciones, se situará entre los cuarenta y dos millones y medio de hectolitros y los cuarenta y cuatro, con un fruto de gran calidad. Una producción un quince por ciento superior a la del pasado año y que será la que mayor crecimiento presente de todos los grandes países productores.

Por regiones, destaca, de manera muy especial, Castilla-La Mancha, no ya solo por el hecho de que ella sola suponga más de la mitad de toda la producción española, sino porque junto con Navarra es la que mayor variación positiva presenta. Justo lo contrario que Cataluña, que con una pérdida de un tercio de la cosecha del año pasado es la que más va a ver menguada su producción, debido a la alta concentración de viñedo ecológico que presenta y que los tratamientos sin sistémicos han resultado insuficientes para dominar los hongos y evitar pérdidas que llegan a superar la mitad de la uva en algunos casos.

Las Vendimias en España

Este año no ocurre como en otros, en los que la superación del Día del Pilar suponía la disposición de una información relativa a las vendimias en España, mucho más precisa. La conclusión de los trabajos en la gran mayoría de los territorios permitía acercarse a la cifra de la cosecha con mucha más precisión de aquellos primeros vaticinios de las primeras semanas de septiembre en las que los aforos realizados en los viñedos o las notas de prensa de los operadores, contenían un alto grado de provisionalidad que, por más que en nuestras estimaciones procurásemos conjugar para acercarnos lo máximo posible a la realidad del momento, no siempre era fácil superar.

Quizá por las medidas puestas en marcha en las últimas semanas de la pasada campaña, referentes a la destilación de crisis, la inmovilización mediante los contratos de almacenamiento a largo plazo, o la vendimia en verde. Así como la limitación de rendimientos que muchas (que no todas) de nuestras indicaciones de calidad incluyeron en sus normas de campaña, hayan contribuido a este cierto descontrol.

Quizá haya sido el motivo el gran temor con el que desde el sector productor se mira la campaña 2020/21, plagada de grandes incertidumbres sobre cuál será la evolución del mercado y las verdaderas posibilidades de darle salida a sus existencias que, con no ser tan diferentes a las de los últimos cinco años, cifra en la que se encuentra el volumen a partir del cual es posible establecer medidas excepcionales, preocupa mucho a los operadores.

Quizá la enorme provisionalidad que envuelve cualquier decisión, en cualquier ámbito de nuestra vida, que se ha visto fuertemente afectada por una situación nunca antes vivida y sobre la que cada día nos sorprenden quienes tienen la capacidad de imponer medidas, con nuevas restricciones que siempre tienen el efecto de disminuir el consumo en bares y restaurantes ante el mantra de que hay que controlar la vida social.

Quizá por tratarse de un sector con escasos recursos, que lo hace altamente vulnerable a la inestabilidad y limitadamente capacitado para tomar medidas que vayan en la dirección de autorregularse.

Quizá porque unos y otros intentan forzar la situación y aprovechar este momento de incertidumbre para salir lo menos perjudicados posibles.

El caso es que, ahora mismo, todavía no podemos decir si estamos hablando de una cosecha de cuarenta y dos millones de hectolitros, o de cuarenta seis. Muchos millones de diferencia para un año en el que con las medidas excepcionales a las que antes hacía referencia, dedicamos cerca de noventa millones de euros para retirar, definitiva y temporalmente del mercado cuatro millones de hectolitros. en nuestro país y 305 millones de euros en el conjunto de la Unión Europea.

Sea por lo que fuere, parece, cada vez más claro, que nos enfrentamos a una campaña extraña, en la que las cifras tendrán un carácter más orientativo que nunca sobre lo sucedido y menos premonitorio sobre lo que nos enfrentamos.