Comentario vendimias

En otro momento, la verdad, es que hubiésemos estado deseosos de que las vendimias pusieran su punto y final y dar por concluido el quebradero de cabeza en que se habían convertido para los enólogos. Afortunadamente, no es el caso de esta. El buen estado sanitario con el que han entrado los racimos en las bodegas, desde que tuvieran lugar las primeras labores de recogida hasta hoy, ha hecho que la cosecha 2019 se haya convertido en un año del que se esperan grandes cosas, enológicamente hablando, se entiende.

Nunca es fácil. Siempre hay cosas que retocar o mejorar para alcanzar ese nivel de calidad que esté cerca de lo que buscan los consumidores, pero, qué duda cabe, que años como este, en el que las lluvias han sido bastante escasas y sus consecuencias sobre el desarrollo de enfermedades criptogámicas, prácticamente nulas, proporcionan una excelente base sobre la que sentar grandes esperanzas.

Lo ideal hubiese sido que esta gran calidad se hubiese visto reflejada también en unos precios de las uvas que poco han variado con respecto a los del año anterior. Pero ya se sabe, primero vender y luego retribuir el fruto del que nace lo que se vende. Porque no ha sucedido lo mismo con los mostos, que han incrementado sus precios con respecto a los que se pagaron el año pasado y, de manera muy especial, con respecto a lo que cerraron la campaña los vinos. Cotización que, históricamente, ha servido de base para la fijación de los precios de las uvas y que, en esta campaña se ha visto superada ampliamente.

Resulta complicado, e inoportuno, intentar ir más allá de los hechos especulando con la evolución de las cotizaciones de los vinos nuevos, pero no hay que ser muy espabilado para saber que serán superiores a los del año pasado. ¿Cuánto? Eso ya sí que es especulación y prefiero dejarlo para los que se dedican a ello.

Nosotros, de momento, nos quedaremos con lo seguro, precios de las uvas estables o ligerísimamente superiores a los del año pasado (excepción hecha de las uvas para cava); cosecha en torno a un veinte por ciento inferior, una calidad excelente y un panorama internacional muy similar en el resto de los principales países productores.

Comentario vendimias

Pasan las semanas y, con ellas, muchos pueblos vitivinícolas españoles van dan por concluidas las tareas de vendimia, reposando los mostos en sus depósitos a la espera de que sus fermentaciones den lugar a excelentes vinos. Y es que, en general, podríamos decir que hemos disfrutado de una cosecha sin apenas problemas.

Los mercados exigen cada vez más y las bodegas adquieren conciencia de que para poder salir ahí afuera es necesario hacerlo con un producto diferente. La calidad está muy bien y se presenta como el primer requisito de cualquier vino a comercializar, pero está muy lejos de poder considerarse una virtud con la que ganar mercados. Conseguir hechos diferenciadores que valoricen un producto requiere de una buena cosecha, unos buenos vinos y de una gran capacidad de trasladárselo al consumidor.

Treinta y ocho millones de hectolitros estimados por Cooperativas y el Ministerio de agricultura, extremo inferior de horquilla que encuentra en los treinta y nueve, cifra hacia la que nos acercamos nosotros, el límite superior, es una cosecha lo suficientemente corta como para que las históricas cifras de existencias con las que abríamos la campaña no nos pongan en la mesa unas disponibilidades a las que no podamos hacer frente en su comercialización. Pero eso es solo en teoría, porque luego la experiencia nos indica que campañas donde las circunstancias apuntaban hacia grandes oportunidades para nuestras bodegas de cara a aumentar el valor de nuestros elaborados, se quedaban en nada, llegando incluso a presentarse algunos problemas de precios o existencias más allá de las calculadas.

Situaciones como a la que nos enfrentamos en la guerra comercial abierta por Estados Unidos contra algunos países de la Unión Europea, con amenazas de aumento de los aranceles en un veinticinco por ciento, no animan a pensar en una campaña tranquila. Y aunque es el país al que más caro le vendemos, su volumen tampoco es de esperar que se vaya a ver tremendamente afectado. Aunque mejor será seguir exigiendo a nuestros representantes que lleguen a acuerdo con la administración norteamericana que ponga fin a un conflicto que evidencia a la perfección la vulnerabilidad de nuestro sector y las grandes barreras a las que deben enfrentarse nuestras bodegas en esa cacareada globalización de los mercados mundiales. Mucho más teórica que práctica en muchos de los casos.

Pero quedémonos con lo que es una realidad y dejemos para más adelante las posibles dificultades a las que debamos enfrentarnos. Tenemos ya en nuestras bodegas la gran mayoría de la cosecha, la sanidad del fruto ha estado rozando la perfección en la mayoría de las bodegas y la calidad de los vinos y mostos elaborados será espectacular. Confiemos en que esto, y los precios tan contenidos a los que se han comprometido las uvas, sea un punto de partida para nuestras bodegas lo suficientemente sólido con el que alcanzar una mejor comercialización.

Comentario vendimias

Mientras una buena parte de los viñedos de España han finalizado (o están a punto de hacerlo) sus vendimias, otros se van incorporando con ligeros adelantos sobre las fechas en las que tradicionalmente lo venían haciendo. Tónica que podría decirse ha sido general en esta vendimia y que, muy posiblemente por consecuencia de los efectos del cambio climático, llevamos unas campañas en las que se han convertido en algo habitual. Hasta tal punto que hablar de “fechas tradicionales” en las que tenían lugar las tareas agrícolas son más reminiscencias del pasado, que una buena referencia. Y es que tenemos que irnos acostumbrando a que las fechas en las que brotaba, lloraba, enveraba, maduraba y se vendimiaba la uva se han adelantado entre dos y tres semanas con respecto a las que lo hicieron en tiempos de nuestros abuelos.

Como también han variado los regímenes de lluvias, bastante más escasas en la actualidad y con frecuentes episodios de precipitaciones torrenciales o dañinos (más de lo que lo eran) pedriscos.

Aún con todo y con eso podríamos decir que esta campaña ha resultado (son muchos los millones de kilos de uva que ya han entrado en las bodegas) muy buena en sus aspectos cualitativos, a lo que ha ayudado mucho la excelente sanidad de un fruto que ha madurado muy satisfactoriamente, obteniéndose grados más elevados que en la campaña anterior, con especial mención en Castilla-La Mancha. Por dos razones, fundamentalmente. Una porque por sí misma recoge la mitad de la cosecha de todo el país y, por consiguiente, lo que en ella suceda acabará afectando al total de los vinos españoles. Y dos, porque es donde ese aumento de entre grado y grado y medio ha sido más notable que en otras regiones.

La idea general es que el volumen acabará siendo ligeramente inferior a los cuarenta millones de hectolitros. Para algunas organizaciones ese trecho que nos separe de los cuarenta puede llegar a ser de millón y medio, para otros de apenas cien mil hectolitros. En general podríamos dar por buena la estimación de cuarenta millones que ha publicado la DG Agri de la UE, con datos a 27 de septiembre, en la que cifra a nivel europeo la producción en 161,3 Mhl (-15%) sobre la anterior campaña. Situando a Italia como primer país productor con 46,135 Mhl. seguido de Francia 43,356 Mhl y devolviendo al tercer puesto del ranking a nuestro país. Veintiocho millones de hectolitros menos en la UE que, si no han servido para aumentar la cotización de las uvas, confiemos en que, al menos, sí lo hagan para recuperar los precios de los vinos y mostos.

Comentario de vendimias

A diferencia de otros años, podríamos decir que la vendimia va desarrollándose bajo un clima de gran tranquilidad. Superados los primeros momentos de fijación de precio para las uvas destinadas a la elaboración de cava, cuando las dos grandes firmas españolas, en manos de capital extranjero, hicieron saltar por los aires la política de compras que habían mantenido hasta ahora, rebajando sustancialmente los precios que estaban dispuestos a pagar por ellas. El temor, en aquellos momentos era que cundiera el ejemplo y los grandes compradores manchegos tomaran un camino parecido. Afortunadamente eso no fue así y los precios se mantuvieron en unos niveles muy similares a los del año anterior. Bueno para los viticultores, que, al disponer de un grado y medio, incluso dos más que el año pasado, compensaban una parte muy importante de la pérdida de kilos a los que se enfrentaban. Y una buena noticia también, para las bodegas, que contaban con una excelente calidad de uva para la elaboración de vinos y mostos.

Situación que tampoco ha tardado mucho en repercutirse en el mercado de los mostos, en el que sus cotizaciones presentan valores por encima de los del año pasado y, con ellas, han conseguido tirar del mercado de los vinos.

Si, además, consideramos que las previsiones de producción a nivel europeo se confirman y dispondremos de una cosecha que palíe en gran medida el exceso de existencias a los que nos debemos enfrentar esta campaña. Es fácil entender esa reactivación de los precios y asumible comprender que estas subidas no sean fruto de un calentón y vayan a consolidarse en las próximas semanas.

Que al final la cosecha española acabe siendo treinta y siete millones de hectolitros, como vaticinan desde la confederación de Cooperativas, o que acabe siendo ligeramente superior, hasta los treinta y nueve que barajamos nosotros; son dos millones de hectolitros que no nos llevan a ningún lado y que no tendrán ninguna importancia en los mercados.

Ahora, lo importante es ser capaces de ir encontrándoles salida a esos diferentes productos que pueden obtenerse del zumo de la uva, mostos, vinagres, vinos de mesa o con indicación de calidad. Lo importante es venderlos y, si es posible, a mejor precio que el año pasado.

España inicia la campaña con un +29,03% de existencias

Por extraño que nos pueda parecer, nuestras bodegas y viticultores también planifican sus campañas y deben disponer de una información actualizada y veraz con la que poder hacerlo. Especialmente en momentos tan decisivos como los inicios de campaña en los que las decisiones de volúmenes de compra y precios a los que hacerlo, tanto de uvas como mostos, e incluso vinos a medio plazo, representan un punto de difícil retorno que marcará el resto de temporada.

Conocer bien las disponibilidades con las que se vaya a contar es el primer dato con el que hay que trabajar, si se quieren hacer las cosas bien. Lamentablemente el Ministerio hace ya varios años renunció a aportar esta información de estimación de cosecha y, escudándose en los datos que facilita del Infovi, ha eludido la parte de responsabilidad que en ese aspecto le compete. Afortunadamente no es así en todas las organizaciones, las cuales siguen haciendo públicas sus estimaciones de cosecha que, con mayor o menor grado de intencionalidad, porque también aquí hay que reconocer que los datos deben tomarse con cierta dosis de prudencia, sirven para que los operadores dispongan de una visión general bastante cercana a la realidad. De hecho, hoy, prácticamente las diferencias entre unas estimaciones y otras no existen más allá del momento en el que se han hecho públicas, pues con un margen de dos millones de hectolitros arriba o abajo podríamos decir que se encuentran todas en la misma horquilla.

Caso distinto son las existencias de inicio de campaña, la otra gran partida con la que conocer las disponibilidades del sector vitivinícola. Información que gracias al Infovi está disponible mucho antes de lo que era habitual cuando la tenía que hacer pública el MAPA y que nos ha permitido conocer con total exactitud que España inició la campaña 2019/20 con un veintinueve por ciento más de vino y mosto sin concentrar que lo hizo la pasada, e incluso la distribución por categorías y regiones de esos 38.846.179 hectolitros de stock.

Comentario vendimias

Si hay algo que, en los momentos en los que nos encontramos de vendimia, puede poner en peligro la gran cosecha 2019 que se espera son, precisamente accidentes meteorológicos como los acontecidos durante el pasado fin de semana. La presencia de una DANA (depresión aislada en niveles altos de la atmósfera) que se ha mostrado con una virulencia desconocida, arrasando allá por donde pasaba y afectando a una extensión geográfica tan amplia, como inesperada, y a la que ha llegado a castigar dos y tres veces; ha hecho saltar todas las alarmas en un sector vitivinícola que ya tenía las tijeras de vendimiar en la mano.

Las provincias de Valencia, Alicante, Murcia y Almería han sido las que más han sufrido las consecuencias más graves de la gota fría, habiéndose llegado a registrar hasta 450 l/m2 en 48 horas. Provocando graves daños en infraestructuras y en la viña en las comarcas de la Vega Baja, la Vall d’Albaida, la Costera y otras comarcas de la C. Valenciana. Según la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja), en una primera estimación orientativa calcula que más de 2.000 hectáreas de viñedo se encuentran dañadas y que podrían aumentar considerablemente e incluso extenderse a otras zonas si no cesan las lluvias.

Otras regiones como Castilla-La Mancha, Madrid e incluso Castilla y León, estando afectadas por esta gota fría, podríamos decir que se han librado de sus efectos más devastadores ya que ha llegado más debilitada y salvo municipios muy concretos, como Arganda del Rey (Madrid) que ya había sufrido una gran tormenta el pasado 26 de agosto, las lluvias podríamos calificarlas de beneficiosas para la uva de vinificación en estas regiones.

Las previsiones de una gran cosecha por calidad y producción media, estimada en los treinta y nueve millones y medio de hectolitros, mantiene esperanzado a un sector que, si bien sostiene los precios de la campaña pasada para la uva, ya ha comenzado a elevar sus pretensiones por los mostos y vinos con respecto a los precios que cerraron la pasada campaña 2018/19 y que no hicieron sino descender.

Comentario vendimias

Sin ningún ánimo de entrar en debates que den pábulo a los colectivos negacionistas o alarmistas del cambio climático, cuanto menos hay que reconocer que el “el tiempo está loco”. Las lluvias son escasas, con largos períodos de sequía y, cuando hacen acto de presencia, descargan con fuerza, provocando riadas e inundaciones. Yendo acompañadas, en muchos de los casos, de granizo y aparato eléctrico. Las gotas frías, hoy llamadas Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA), que eran propias de finales del mes de septiembre en el Mediterráneo, se han adelantado casi un mes y afectado al centro de la Península. Todo ello bajo unas temperaturas superiores, batiendo récords históricos de máximas.

Lo que para la maduración del fruto en esta campaña ha estado muy bien, nos ha permitido que el viñedo se desarrollase con más o menos normalidad y con ausencia de focos de enfermedades criptogámicas. Con lo que ello representa de horas de trabajo y costes para el viticultor. Pero, lo que es mucho más importante, ha posibilitado el perfecto estado de sanidad en el que están llegando los racimos a las tolvas de las bodegas.

Así tenemos que en esta campaña todas las previsiones coinciden en señalar la gran calidad de la uva y la menor producción con respecto al año anterior. Y si los porcentajes oscilan ligeramente entre unas y otras organizaciones de las que se comprometen en publicarlos; algunas, como el propio Ministerio, se limitan a las declaraciones de su titular en funciones, dejando caer la cifra de cuarenta millones de hectolitros, sin más precisión ni detalle. Podríamos decir que la horquilla entre los treinta y ocho y los cuarenta y un millones de hectolitros comprendería todas las estimaciones.

Tampoco es que existan muchas diferencias entre los precios pagados por la uva en la pasada campaña y esta. Pues, salvado el primer envite de las uvas destinadas a la elaboración de cava, en el que la entrada en acción de dos grandes multinacionales ha revolucionado el mercado con descensos cercanos al treinta por ciento, bajo la explicación de que necesitan bajar los costes para mejorar la rentabilidad de sus elaborados; lo que va conociéndose para los vinos tranquilos supone el mantenimiento de los del año pasado.

Considerando que cerca de dos tercios de la producción se encuentra en manos de las cooperativas (cuyos precios de liquidación conoceremos el año que viene y estarán relacionados con la capacidad negociadora que hayan tenido en la venta de sus vinos y las diferencias por calidades que establezcan sus asambleas). Que el grado de la uva es entre uno y dos grados superior al obtenido el año pasado, y por lo tanto quienes entreguen su uva por kilogrado verán compensada una gran parte de su merma de producción. Así como el mayor volumen de existencias con el que se iniciaba la campaña en toda Europa, consecuencia directa de la gran producción del pasado año. Podríamos decir que no es un escenario tan nefasto como algunos vaticinaban allá por el mes de junio. Aunque todos reconozcan que es necesario aumentar los precios de las uvas para hacer posible cubrir los costes de producción.

Cuestión que pone el punto negativo a una campaña que podríamos decir roza la perfección: gran calidad, producción controlada y planificación de las tareas de recolección.

Comentario de vendimias

Siendo todavía muchas las cosas que pueden suceder hasta que el último racimo haya entrado en el lagar y las bodegas presentado las correspondientes declaraciones de producción al Infovi. Las previsiones que se barajan de la cosecha 2019/20 son bastante homogéneas, en términos generales. Como diría aquel: “bien, sin entrar en detalles”.

Un volumen inferior al año anterior, un veinte por ciento parece el porcentaje que más se puede aproximar. Lo que servirá para dar salida a la mayor cantidad de existencias que están sin vender del año pasado en manos de la producción. Una calidad del fruto muy buena, o incluso excelente, caracterizada por un mayor grado Baumé de entre uno y dos puntos., así como valores bajos en glucónico y pH adecuado. Y una maduración que evoluciona a buen ritmo, sin accidentes meteorológicos, como granizos o heladas que obliguen a adelantar las labores antes de alcanzar una maduración fenólica adecuada. Son las características que, “sin entrar en detalles”, podríamos emplear para definir esta vendimia.

Si, por el contrario, queremos rebuscar un poco más en esos “detalles”, nos encontraríamos de lleno con el tema de los precios. Una cuestión que todos los años levanta ampollas en entre el sector productor (viticultores) y elaborador (bodegas). Pero este año, las principales bodegas de Cava de este país han conseguido poner en pie de guerra a todo el sector con una reducción cercana al treinta por ciento en sus precios. Por más que sean muy pocos, comparados con lo que es la España vitivinícola total, los municipios que están acogidos a esta Denominación de Origen y, por lo tanto, se han visto afectados; el simple planteamiento de estas grandes empresas, con estrategias empresariales que van mucho más allá de un tipo de vino, al marcar tendencia en los mercados, especialmente exteriores, ha generado gran preocupación entre las organizaciones agrarias que viene a unirse a la tensión propia de todas las vendimias. Momento en que reclaman precios que cubran sus costes de producción, frente políticas de precios bajos basados en la escasa rentabilidad de las bodegas. Y aunque las pocas cotizaciones que se han fijado, hasta el momento, para las uvas con destino a la elaboración de vinos tranquilos son muy parecidas a las que se liquidaron las del año pasado, todavía están por concretarse las de las grandes producciones.

Evolución de las vendimias

Las estimaciones siempre resultan peligrosas, especialmente aquellas que se realizan desde un medio de comunicación al que se le presupone imparcialidad, olvidándose que son eso: estimaciones. No obstante, y siguiendo nuestra costumbre, las venimos publicando desde la primera semana de septiembre, actualizándolas al menos dos veces por semana y nos confirmamos en que nos enfrentamos a una vendimia abultada, muy abultada, y cuyas consecuencias en el mercado están pendientes de conocerse hasta dónde pueden llegar.

Enfrentarse a una producción por encima de los cuarenta y ocho millones de hectolitros es, en sí mismo, una complicación en nuestras aspiraciones de aumentar el valor de nuestros productos. Hacerlo en un panorama de recuperación general de las cosechas en aquellos países a los que tradicionalmente les vendemos, un hecho que, del mismo modo que cuando el año pasado se argumentaba como un hecho incuestionable que haría subir las cotizaciones de nuestros vinos; está siendo utilizado en esta campaña para tirar de los precios hacia abajo, sin piedad, desconociéndose dónde puede estar su suelo.

Al principio de esta campaña, 1 de agosto, las organizaciones agrarias esgrimían la reducción de existencias como hecho incuestionable que debía permitir mantener las cotizaciones de las uvas en los niveles del año anterior. Los acontecimientos han demostrado que una recuperación del veinte por ciento (cantidad que se estimaba por aquel entonces de recuperación de la producción) lo hacía imposible. Y aunque las diferencias son considerables y hablar en términos tan generales de un país siempre resulta complicado, podríamos decir que en esta campaña hemos avanzado un poco más en esa revalorización de nuestra materia prima. Pues aunque es mucho el camino que nos resta por recorrer, especialmente aquel relacionado con la propia concepción de que sin valorizar el origen de un producto es imposible valorizar el producto en sí. Vender la uva a precios un 20% inferiores a los del año pasado y obtener un treinta y cinco por ciento más de producción, incluso un cuarenta por ciento que es el caso en el que puede acabar encontrándose en zonas de Castilla-La Mancha; es positivo.

Pero con todo y con ello, no es lo que más destacaría de esta vendimia, y sí la concienciación existente entre todos los operadores: viticultores, bodegueros y comerciantes sobre la necesidad de segmentar muy claramente los productos por calidad y asumir todo lo que de control supone esto.

Las condiciones meteorológicas bajo las que transcurrieron los meses de agosto y septiembre han provocado que en algunas zonas de España los brotes de podredumbre llegarán a suponer un “problema”, acentuando más si cabe las penalizaciones impuestas por las bodegas en sus cotizaciones en base al glucónico que presentaban las uvas. Pero gracias a esa profesionalización de sus técnicos y bodegueros, ante lo que en otra época hubiese sido un grave problema, en esta ocasión han hecho de la necesidad virtud, y han seleccionado y diferenciado con gran pulcritud unas partidas de otras, y han conseguido una muy buena calidad en los mostos con un grado inferior a los de los últimos años.

En definitiva, una campaña marcada por una abultada producción, precios en descenso y una notable necesidad de exportación.

Evolución de las vendimias

Ya van quedando pocos lugares donde las tareas de vendimias no vayan tocando a su fin, o lo vayan a hacer en los próximos días.

A pesar de ello, hablar de cuál ha sido el volumen cosechado o la calidad obtenida en sus mostos, se hace harto complicado, ya que la información de la que se dispone es aquella que cada uno ha conseguido ir elaborándose gracias a los medios y contactos con los que cuenta. Superada la primera quincena de octubre el Ministerio de Agricultura sigue sin decir esta boca es mía y permitiendo que el sector deba ir construyéndose sus estrategias comerciales en base a noticias oficiosas y notas de prensa no exentas de intereses particulares.

Insistir sobre el escaso papel que juega en el sector vitivinícola el Ministerio y, lo que todavía es mucho peor, la falta de interés que se demuestra, no nos lleva más que a generarnos mala sangre. Pero dado que es un mal común que afecta a los gobiernos de uno y otro signo político, habiéndose convertido en un mal estructural, la denuncia, y la exigencia de un cambio de actitud aconseja (en mi opinión) insistir hasta conseguir que si no es posible un cambio de actitud, al menos una explicación de esa desidia hacia un sector relevante en la agricultura y la cultura de nuestro país.

Sobrepuestos a esta falta de información oficial y haciendo uso de esa relevancia y respeto que nos proporcionan más de setenta años proporcionando una información fiable y actual del sector, digamos que nos reafirmamos en nuestra estimación de una cosecha cercana a los cuarenta y ocho millones de hectolitros, con incrementos muy importantes en zonas como Ribera del Duero o Rioja, donde las heladas del pasado año dejaron la cosecha en la mínima expresión, o aquellas otras como Castilla-La Mancha donde no solo un periodo de lluvias importante, sino especialmente la entrada en producción de miles de hectáreas con su correspondiente sistema de riego, llevarán la producción por encima de los veinticinco millones de hectolitros.

Volumen que aunque muy alejado de los 53.549.841 hectolitros de la histórica campaña 2013 o de los 35.467.447 de la pasada, supondrá un importante reto en su comercialización y la liquidación que de ella obtengan viticultores y bodegueros.

Los precios, en términos generales, y salvedad hecha de aquellas partidas especiales o provenientes de acuerdos plurianuales, podríamos decir que han descendido en torno a un veinte por ciento en las uvas, incluso algo más si hablamos de mostos. Si a ello le añadimos el descenso entre medio y un grado de los mostos, podríamos concluir que, gracias al aumento productivo, el importe total que percibirán será más o menos el mismo que el del año pasado.

Otra cosa será el que consigan obtener nuestros bodegueros por los vinos ya que considerando el cariz que está tomando el mercado nacional, la falta de operatividad, el descenso en las principales plazas internacionales y la falta de recuperación del consumo mundial permiten pensar en un comercio tremendamente complicado y competitivo para los próximos meses.