Una ordenación sectorial que no llega
Una vez hemos asumido que nos enfrentamos a cambios profundos en el consumo de vino, que tendrán consecuencias en su estructura productiva; queda por determinar cuáles serán las medidas que se adopten, el calado de las mismas y si tendrán lugar de una forma ordenada o (como ha sido habitual) de forma discrecional.
De momento, nada parece indicar que las cosas vayan a ser diferentes a los ajustes de otros momentos y nadie parece abanderar esta iniciativa de ordenación que los mercados reclaman con insistencia. Por más que todos coincidan en que resulta ineludible y las consecuencias de no llevarla




