Desigualdades regionales difíciles de explicar

En un momento en el que las estimaciones de producción sobre la próxima campaña comienzan a circular entre el sector, sin mucho más aval que el de una somera previsión basada en la opinión personal de “no se sabe muy bien quién”. Adquiere mayor protagonismo la información (dato estadístico) que nos ayuda a entender mejor lo que está sucediendo en el mercado y cuáles las posibles consecuencias que estas estimaciones de cosecha pudieran tener sobre los precios a los que acaben cerrándose las operaciones por las uvas y mostos de la próxima campaña 2024/25.

Los últimos en conocerse han sido los datos avanzados por la Comisión Europea con respecto al valor de las exportaciones, de vino y productos derivados del vino, a terceros países, durante el primer trimestre del año. Confirman la pérdida de un 3% y 135 millones con respecto al mismo periodo del año anterior. Comportamiento sensiblemente peor del registrado por el total de los productos agroalimentarios que pierden un 1% (320 millones). Y, especialmente, acusado por el mal comportamiento del mes de marzo, en el que se truncó la tendencia alcista que presentaban los dos primeros meses de 2024.

También hemos tenido la ocasión de conocer los elaborados por la CE, a partir de cifras del DataComex, correspondientes a los primeros tres trimestres de campaña (agosto’23-abril’24), que tampoco son muy buenos. Ya que se confirma una bajada en el volumen de las exportaciones a terceros países por parte de la UE del 7,42% y del 6’5% si nos referimos al valor.

Es la categoría vino con D.O.P. la que peor comportamiento presenta con una pérdida de volumen del 7,3%, idéntico porcentaje que el que soporta la categoría de “Otros vinos”. Por orden descendente le siguen los vinos con I.G.P. (-3,1%), cerrando la tabla los Varietales que sólo lo hacen un -2,86%. Mientras que los mostos/zumos de uva pierden nada menos que un 13,2%. Siempre con respecto al mismo periodo de la campaña anterior.

Si a estas malas cifras de comercialización exterior, le sumamos que de las ayudas con las que cuenta el sector para mejorarla en países terceros; según datos facilitados por el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA), 14,4 millones de euros, de los 51.717.674 € inicialmente aprobados, no se pudieron ejecutar, principalmente por la rigidez de los programas y la complejidad en su justificación. O que han sido País Vasco, junto Castilla y León, las regiones que más fondos han gastado en esta promoción en terceros países. Podríamos llegar a pensar que el dinamismo y valorización de los vinos que están teniendo en los mercados los elaborados en estas dos regiones es fruto de algo más que de la casualidad.

Y, mientras esto sucede, el Ministerio de Agricultura tiene previsto autorizar, de forma excepcional, por los efectos de la sequía persistente que sufre la zona amparada por la D.O.P. Cava. Como ya hiciera el Consejo Regulador con el tope del 15% de la producción de cada bodega, la posibilidad de que puedan utilizarse uvas producidas en superficies de su ámbito geográfico, pero no inscritas en la D.O.P.

Panorama extraño donde los haya, que, sin duda, tendrá su justificación ante lo desigual de los efectos de la sequía pertinaz que sufren las diferentes regiones españolas. Pero que enfrenta estimaciones muy por encima de las de los últimos años, ralentización del comercio y estancamiento de los precios o ayudas a la cosecha en verde.

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