Días decisivos para la economía

Muy posiblemente, dentro de cuatro días, cuando finaliza el plazo para la entrada en vigor de los nuevos aranceles a los vinos españoles en Estados Unidos, o la posibilidad de que el Reino Unido opte por un Brexit duro; podamos concretar algo más sobre en qué quedan estos dos asuntos tan importantes para la economía europea. Pero, lamentablemente, hoy solo podemos decir que la Comisaria de Comercio Cecilia Malmström sigue trabajando por, al menos, aplazar la entrada en vigor de los aranceles de Trump, prevista para el día 18, y el ministro español, Luis Planas, presionando para que haya compensaciones a los sectores afectados.

Mientras tanto, y ante el escaso avance en las negociaciones, desde el Ministerio de Agricultura se recomienda estar preparados para las medidas de apoyo, corrección, promoción y mercados que puedan implantarse. Así como insuflar ánimos a un sector soliviantado al haber sido tomado como rehén de un conflicto comercial que poco, o nada, tiene que ver con sus productos y por el trabajo realizado durante años por abrirse un hueco en el principal país consumidor de vino del mundo.

Pero de lo que no se habla apenas en este asunto es de la situación de fortalecimiento en la que quedaría otro de los grandes productores de vino comunitario, Italia, al que no le afectarían las medidas anunciadas por la Administración Trump y que pasaría, de cumplirse las amenazas, a poder colocar en el gigante norteamericano sus vinos un veinticinco por ciento más baratos que los españoles o franceses.

En cuanto al tema del Brexit, casi mejor no opinar sobre lo que pueda acabar sucediendo cuando finalice el plazo que tiene el premier Boris Johnson, el día 17, para llegar a un acuerdo que ratifique el Parlamento británico. De momento, todo parece indicar que se va avanzando y que será posible contar con un texto legal que pueda ser ratificado por los Jefes de Estado y de Gobierno en su cumbre de este jueves y viernes, pero el tema es tan delicado y existen tantas sensibilidades que cualquier pequeño detalle podría hacer saltar por los aires la posibilidad de evitar el Brexit duro.

Y, por si todo esto no fuera suficiente, el Fondo Monetario Internacional anuncia un crecimiento del 3% de la economía mundial para el 2019, el más bajo desde la Gran Recesión, con la guerra comercial y el aumento de las barreras comerciales como uno de los principales motivos que explicarían esta desaceleración sincronizada.

Días decisivos e importantes para nuestro futuro más inmediato a los que nos enfrentamos.

Comentario vendimias

En otro momento, la verdad, es que hubiésemos estado deseosos de que las vendimias pusieran su punto y final y dar por concluido el quebradero de cabeza en que se habían convertido para los enólogos. Afortunadamente, no es el caso de esta. El buen estado sanitario con el que han entrado los racimos en las bodegas, desde que tuvieran lugar las primeras labores de recogida hasta hoy, ha hecho que la cosecha 2019 se haya convertido en un año del que se esperan grandes cosas, enológicamente hablando, se entiende.

Nunca es fácil. Siempre hay cosas que retocar o mejorar para alcanzar ese nivel de calidad que esté cerca de lo que buscan los consumidores, pero, qué duda cabe, que años como este, en el que las lluvias han sido bastante escasas y sus consecuencias sobre el desarrollo de enfermedades criptogámicas, prácticamente nulas, proporcionan una excelente base sobre la que sentar grandes esperanzas.

Lo ideal hubiese sido que esta gran calidad se hubiese visto reflejada también en unos precios de las uvas que poco han variado con respecto a los del año anterior. Pero ya se sabe, primero vender y luego retribuir el fruto del que nace lo que se vende. Porque no ha sucedido lo mismo con los mostos, que han incrementado sus precios con respecto a los que se pagaron el año pasado y, de manera muy especial, con respecto a lo que cerraron la campaña los vinos. Cotización que, históricamente, ha servido de base para la fijación de los precios de las uvas y que, en esta campaña se ha visto superada ampliamente.

Resulta complicado, e inoportuno, intentar ir más allá de los hechos especulando con la evolución de las cotizaciones de los vinos nuevos, pero no hay que ser muy espabilado para saber que serán superiores a los del año pasado. ¿Cuánto? Eso ya sí que es especulación y prefiero dejarlo para los que se dedican a ello.

Nosotros, de momento, nos quedaremos con lo seguro, precios de las uvas estables o ligerísimamente superiores a los del año pasado (excepción hecha de las uvas para cava); cosecha en torno a un veinte por ciento inferior, una calidad excelente y un panorama internacional muy similar en el resto de los principales países productores.

Unos días de gran transcendencia

¿Recuerdan lo que pasó hace unos años con China y las placas fotovoltaicas alemanas, conflicto comercial por el que algunas bodegas españolas se vieron obligadas a facilitar su “know how” a las bodegas chinas, además de grandes costes en despachos de abogados y seminarios a los dirigentes de las bodegas chinas? Pues, para aquellos con tan poca memoria que ya lo hayan olvidado, les diré que fue un duro y traicionero golpe al comercio vitivinícola español.

Ahora es EE.UU., el otro gran contendiente de esta guerra comercial, que han emprendido las dos mayores potencias mundiales, el que amenaza con subidas del veinticinco por ciento de los aranceles a productos agroalimentarios españoles, afectando de manera muy especial al vino. Y todo porque el Sr. Trump ha decidido declararle la guerra a Europa, la que otrora fuera su gran aliada comercial y militar. Una Vieja Europa que otorgó ayudas a la compañía aeronáutica Airbus en algunos países de la Unión Europea (Francia, España, Alemania y Reino Unido) en contra del otro gran fabricante mundial, la norteamericana Boeing.

La imposición de un arancel adicional del 25% a los vinos tranquilos de menos de 14 grados y envases de capacidad inferior a dos litros, procedentes de algunos de los cuatro países mencionados se aplicaría a partir del 18 de octubre y afectaría no solo al vino a Estados Unidos que con datos interanuales julio 2019 se presenta como el principal país importador por precio, 4,14 €/litro, cuarto destino mundial por valor con un total de 301,4 millones de euros y 73 millones de litros de vino español, de los que 240 millones de euros serían los que se verían afectados. También otros muchos como el olivar, cítricos o textiles se verían afectados de manera directa.

La reacción, tanto de la comisaria Europea de Comercio, Cecilia Malmström, como del Ministerio de Agricultura español, Luis Planas, ha sido de contrariedad y esperanza en que el próximo día 14 pueda llegarse a un acuerdo que no abra lo que han calificado como “medidas miopes” y contraproducentes que empujarían a la Unión Europea a una situación en la que no tendría otra opción que hacer lo mismo.

Acabe como acabe el asunto, el caso es que, una vez más, es el vino el que resulta secuestrado por los gobiernos de turno para redimir viejas rencillas que nada tienen que ver con él. Atrás quedan los grandes esfuerzos que bodegas y consejos reguladores han venido haciendo por exportar al primer consumidor mundial. Por situar sus mejores vinos y hacer de este destino palanca de promoción para el resto de su comercio mundial.

Algo vital, si queremos encontrar acomodo a una producción que el Ministerio ha estimado en 38,1 millones de hectolitros para la campaña 2019/20 según las cifras facilitadas a la Unión Europea, un 24,3% inferior a la del año anterior, 12,2 millones de hectolitros menos. Estimación que afectaría de especial manera a los mostos, para los que calcula la pérdida en el 29,6% hasta dejarlos en 3,8 Mhl y vinos con I.G.P. (3,4 Mhl) que rozaría el 29,2% de reducción. En el lado contrario encontraríamos los vinos sin indicación de calidad ni variedad (antiguos mesa) en los que la reducción sería tan solo del 20,6% cifrando su producción en 11,2 Mhl. Los acogidos a alguna denominación de Origen (-24,1% y 12,6 Mhl) y los varietales (-24,5% con 7,1 Mhl) completarían una producción que elevaría hasta las 77,2 Mhl las disponibilidades del sector para esta campaña. Una cifra que, considerando la reducción generalizada de la vendimia del resto de países productores comunitarios, es considerada por las organizaciones agrarias como aceptable de gestionar, sin necesidad de entrar en “guerras” comerciales que acaban siendo perjudiciales para todos.

Interesante futuro el que nos espera al que deberemos permanecer muy atentos.

Comentario vendimias

Pasan las semanas y, con ellas, muchos pueblos vitivinícolas españoles van dan por concluidas las tareas de vendimia, reposando los mostos en sus depósitos a la espera de que sus fermentaciones den lugar a excelentes vinos. Y es que, en general, podríamos decir que hemos disfrutado de una cosecha sin apenas problemas.

Los mercados exigen cada vez más y las bodegas adquieren conciencia de que para poder salir ahí afuera es necesario hacerlo con un producto diferente. La calidad está muy bien y se presenta como el primer requisito de cualquier vino a comercializar, pero está muy lejos de poder considerarse una virtud con la que ganar mercados. Conseguir hechos diferenciadores que valoricen un producto requiere de una buena cosecha, unos buenos vinos y de una gran capacidad de trasladárselo al consumidor.

Treinta y ocho millones de hectolitros estimados por Cooperativas y el Ministerio de agricultura, extremo inferior de horquilla que encuentra en los treinta y nueve, cifra hacia la que nos acercamos nosotros, el límite superior, es una cosecha lo suficientemente corta como para que las históricas cifras de existencias con las que abríamos la campaña no nos pongan en la mesa unas disponibilidades a las que no podamos hacer frente en su comercialización. Pero eso es solo en teoría, porque luego la experiencia nos indica que campañas donde las circunstancias apuntaban hacia grandes oportunidades para nuestras bodegas de cara a aumentar el valor de nuestros elaborados, se quedaban en nada, llegando incluso a presentarse algunos problemas de precios o existencias más allá de las calculadas.

Situaciones como a la que nos enfrentamos en la guerra comercial abierta por Estados Unidos contra algunos países de la Unión Europea, con amenazas de aumento de los aranceles en un veinticinco por ciento, no animan a pensar en una campaña tranquila. Y aunque es el país al que más caro le vendemos, su volumen tampoco es de esperar que se vaya a ver tremendamente afectado. Aunque mejor será seguir exigiendo a nuestros representantes que lleguen a acuerdo con la administración norteamericana que ponga fin a un conflicto que evidencia a la perfección la vulnerabilidad de nuestro sector y las grandes barreras a las que deben enfrentarse nuestras bodegas en esa cacareada globalización de los mercados mundiales. Mucho más teórica que práctica en muchos de los casos.

Pero quedémonos con lo que es una realidad y dejemos para más adelante las posibles dificultades a las que debamos enfrentarnos. Tenemos ya en nuestras bodegas la gran mayoría de la cosecha, la sanidad del fruto ha estado rozando la perfección en la mayoría de las bodegas y la calidad de los vinos y mostos elaborados será espectacular. Confiemos en que esto, y los precios tan contenidos a los que se han comprometido las uvas, sea un punto de partida para nuestras bodegas lo suficientemente sólido con el que alcanzar una mejor comercialización.

Por la vertebración del sector

Si queremos ser un sector potente y tener alguna posibilidad de hacerlo atractivo para generaciones futuras, lo primero que debemos conseguir es hacerlo sostenible económicamente. Se hace muy difícil imaginar que aquellas personas que tengan una alternativa de futuro laboral escojan quedarse cultivando la viña si no reciben unos ingresos suficientes como para obtener una renta digna de ella.

Lo de la sostenibilidad medioambiental es posible que sea mucho más importante que la económica y sus consecuencias, sin duda, mucho más transcendentales para el futuro de la humanidad. Pero no nos equivoquemos, que los ideales, sin un plato caliente garantizado, lo tienen muy difícil para salir adelante.

Y eso, que dicho así puede llegar a sonar obsceno, es una realidad que mejor haríamos en asumir cuanto antes si queremos encontrar la forma de avanzar.

Para ello hay que seguir insistiendo en eso de “valorizar” el producto. Lo que como objetivo a largo plazo está genial. Pero, para llegar a ello, tenemos que ir cubriendo ciertas etapas que resultan ineludibles. Y aún con todo y con eso, todavía seguiríamos teniendo el mayor de los problemas sin resolver: su venta. Porque, no lo olvidemos, producimos vino para venderlo, no para almacenarlo, quemarlo o retirarlo temporalmente del circuito. Nuestro objetivo es que la gente consuma nuestros vinos.

Para alcanzarlo es necesario definir con cierto detalle: producciones, rendimientos, grados, zonas, técnicas de cultivo, rentabilidades, precios… En definitiva: cuál es el modelo de producción con el que soñamos. Después, concretar a un cierto nivel de detalle todos estos parámetros. Y, por si todo esto no fuera ya lo bastante complicado, encontrar la forma de hacerlo sin entrar en conflicto con la libertad de mercado y la competencia.

Y mientras esto llega (si es que lo conseguimos), parece necesario dotar al sector de herramientas con las que poder actuar. Así como de organizaciones con la capacidad para implantarlas. Sobre lo segundo, está bastante claro que está la Interprofesional, como así lo indican sus objetivos fundacionales. Y en cuanto a lo primero, las propuestas presentadas al Ministerio, órgano con capacidad legislativa para implantarlas, se han concretado en un documento que bajo la denominación “Hoja de Ruta” para la estabilidad y la mejora de la calidad de los vinos, pretende exigir unos requisitos mínimos de calidad para la uva de vinificación, intensificar el control de subproductos para la destilación y establecer mecanismos de regulación de la oferta. Todo ello con el plazo de puesta en marcha del primero de noviembre próximo para la intensificación de los controles en los subproductos destinados a la destilación; y la campaña 20/21 para las relacionadas con la norma de calidad y mecanismos de regulación, de tal forma que sean conocidas por los operadores antes de que comience la campaña.

Comentario vendimias

Mientras una buena parte de los viñedos de España han finalizado (o están a punto de hacerlo) sus vendimias, otros se van incorporando con ligeros adelantos sobre las fechas en las que tradicionalmente lo venían haciendo. Tónica que podría decirse ha sido general en esta vendimia y que, muy posiblemente por consecuencia de los efectos del cambio climático, llevamos unas campañas en las que se han convertido en algo habitual. Hasta tal punto que hablar de “fechas tradicionales” en las que tenían lugar las tareas agrícolas son más reminiscencias del pasado, que una buena referencia. Y es que tenemos que irnos acostumbrando a que las fechas en las que brotaba, lloraba, enveraba, maduraba y se vendimiaba la uva se han adelantado entre dos y tres semanas con respecto a las que lo hicieron en tiempos de nuestros abuelos.

Como también han variado los regímenes de lluvias, bastante más escasas en la actualidad y con frecuentes episodios de precipitaciones torrenciales o dañinos (más de lo que lo eran) pedriscos.

Aún con todo y con eso podríamos decir que esta campaña ha resultado (son muchos los millones de kilos de uva que ya han entrado en las bodegas) muy buena en sus aspectos cualitativos, a lo que ha ayudado mucho la excelente sanidad de un fruto que ha madurado muy satisfactoriamente, obteniéndose grados más elevados que en la campaña anterior, con especial mención en Castilla-La Mancha. Por dos razones, fundamentalmente. Una porque por sí misma recoge la mitad de la cosecha de todo el país y, por consiguiente, lo que en ella suceda acabará afectando al total de los vinos españoles. Y dos, porque es donde ese aumento de entre grado y grado y medio ha sido más notable que en otras regiones.

La idea general es que el volumen acabará siendo ligeramente inferior a los cuarenta millones de hectolitros. Para algunas organizaciones ese trecho que nos separe de los cuarenta puede llegar a ser de millón y medio, para otros de apenas cien mil hectolitros. En general podríamos dar por buena la estimación de cuarenta millones que ha publicado la DG Agri de la UE, con datos a 27 de septiembre, en la que cifra a nivel europeo la producción en 161,3 Mhl (-15%) sobre la anterior campaña. Situando a Italia como primer país productor con 46,135 Mhl. seguido de Francia 43,356 Mhl y devolviendo al tercer puesto del ranking a nuestro país. Veintiocho millones de hectolitros menos en la UE que, si no han servido para aumentar la cotización de las uvas, confiemos en que, al menos, sí lo hagan para recuperar los precios de los vinos y mostos.

Cada vez nos quedan menos oportunidades

Son precisamente los momentos buenos en los que hay que tomar las decisiones clave en una empresa, de cara a su estrategia a medio y largo plazo. Hacerlo cuando el agua te está llegando al cuello y las dificultades económicas, y de cualquier tipo, te van asfixiando es muy difícil. Y, cuando se toman, es de manera restrictiva, con el único objetivo de ajustarse, con recortes, a la nueva situación.

Aprovechar la excelente calidad con la que están llegando las uvas a las bodegas, los grandes mostos y vinos que se están obteniendo para ir un poco más allá en la valorización de nuestros productos y la mejora en su comercialización; es una necesidad que muchas bodegas no están dispuestas a dejar pasar. Los acontecimientos ahora se suceden a velocidades de vértigo. Viéndose muchas veces sorprendidas las propias empresas por situaciones que no esperaban encontrarse hasta pasados unos años. Tomar decisiones y hacerlo de manera colectiva, de tal forma que sea todo el sector el que defina y se vea beneficiado, es algo más que un sueño utópico. Es una obligación de aquellas personas que se encuentran al frente de organizaciones, administraciones y colectivos que congregan a todos los agentes del sector.

Los dientes de sierra son una característica intrínseca de cualquier mercado libre. El famoso ajuste de la ley de la oferta y la demanda así lo requiere. El problema está en que todos debemos trabajar por conseguir que estas oscilaciones no vayan más allá de horquillas comedidas que permitan disfrutar de una cierta estabilidad con la que llevar a cabo planes expansivos para nuestro sector en el terreno comercial.

Hemos luchado por modernizar nuestras instalaciones, adaptado nuestros viñedos a variedades demandadas por los consumidores, mejorando sustancialmente la productividad de esas viñas. Invertido en ofrecer una imagen de calidad que haga atractivos nuestros vinos y gastado mucho dinero en promocionar nuestras zonas en el exterior. Pero seguimos teniendo pendiente la apuesta por el sentimiento de colectividad, necesario para unir fuerzas y alcanzar sinergias que aceleren estos procesos.

Ya nadie aspira a que sean las administraciones, en sus diferentes niveles, las que solucionen nuestros problemas. Hemos tenido ocasión de comprobarlo recientemente cuando, hace unos meses, los precios se desplomaban como consecuencia de la histórica cosecha a la que teníamos que hacer frente a nivel europeo y quienes tenían las competencias para hacerlo fueron totalmente incapaces de adoptar una sola medida encaminada a paliar la situación. Es cierto que tampoco las organizaciones que representan a los diferentes colectivos, o la que debiera hacerlo de toda la interprofesión lo consiguieron. Pero, a diferencia de otras ocasiones, hubo sus intentos, con discusiones profundas, sobre qué y cómo aplicar las diferentes medidas que la legislación actual les hubiera permitido. El hacerlo en una próxima ocasión que fuera necesario está mucho más cerca. Pero ahora hay que ir un paso más allá y tomar la iniciativa. Aprovechar esa concienciación de que hay que evitar que las oscilaciones se conviertan en profundos dientes de sierra que dejen en el camino a alguien y seguir avanzando en la definición de las condiciones bajo las que, de manera automática, entren en vigor dichas medidas.

Aspirar a que sean nuestros políticos los que lo hagan hubiera sido una aspiración lícita en otros momentos distintos a los actuales, donde tenemos a la vista unas elecciones generales. Hacerlo en la actualidad, vista la capacidad de maniobra con la que cuentan, o el escaso interés que han demostrado por hacerlo, sería, sencillamente, de una candidez inadmisible.

Es el sector el que debe definir qué quiere ser de mayor. El que defina sus estrategias y los medios con los que llegar a alcanzarlo. Cada vez nos quedan menos oportunidades.

Comentario de vendimias

A diferencia de otros años, podríamos decir que la vendimia va desarrollándose bajo un clima de gran tranquilidad. Superados los primeros momentos de fijación de precio para las uvas destinadas a la elaboración de cava, cuando las dos grandes firmas españolas, en manos de capital extranjero, hicieron saltar por los aires la política de compras que habían mantenido hasta ahora, rebajando sustancialmente los precios que estaban dispuestos a pagar por ellas. El temor, en aquellos momentos era que cundiera el ejemplo y los grandes compradores manchegos tomaran un camino parecido. Afortunadamente eso no fue así y los precios se mantuvieron en unos niveles muy similares a los del año anterior. Bueno para los viticultores, que, al disponer de un grado y medio, incluso dos más que el año pasado, compensaban una parte muy importante de la pérdida de kilos a los que se enfrentaban. Y una buena noticia también, para las bodegas, que contaban con una excelente calidad de uva para la elaboración de vinos y mostos.

Situación que tampoco ha tardado mucho en repercutirse en el mercado de los mostos, en el que sus cotizaciones presentan valores por encima de los del año pasado y, con ellas, han conseguido tirar del mercado de los vinos.

Si, además, consideramos que las previsiones de producción a nivel europeo se confirman y dispondremos de una cosecha que palíe en gran medida el exceso de existencias a los que nos debemos enfrentar esta campaña. Es fácil entender esa reactivación de los precios y asumible comprender que estas subidas no sean fruto de un calentón y vayan a consolidarse en las próximas semanas.

Que al final la cosecha española acabe siendo treinta y siete millones de hectolitros, como vaticinan desde la confederación de Cooperativas, o que acabe siendo ligeramente superior, hasta los treinta y nueve que barajamos nosotros; son dos millones de hectolitros que no nos llevan a ningún lado y que no tendrán ninguna importancia en los mercados.

Ahora, lo importante es ser capaces de ir encontrándoles salida a esos diferentes productos que pueden obtenerse del zumo de la uva, mostos, vinagres, vinos de mesa o con indicación de calidad. Lo importante es venderlos y, si es posible, a mejor precio que el año pasado.

España inicia la campaña con un +29,03% de existencias

Por extraño que nos pueda parecer, nuestras bodegas y viticultores también planifican sus campañas y deben disponer de una información actualizada y veraz con la que poder hacerlo. Especialmente en momentos tan decisivos como los inicios de campaña en los que las decisiones de volúmenes de compra y precios a los que hacerlo, tanto de uvas como mostos, e incluso vinos a medio plazo, representan un punto de difícil retorno que marcará el resto de temporada.

Conocer bien las disponibilidades con las que se vaya a contar es el primer dato con el que hay que trabajar, si se quieren hacer las cosas bien. Lamentablemente el Ministerio hace ya varios años renunció a aportar esta información de estimación de cosecha y, escudándose en los datos que facilita del Infovi, ha eludido la parte de responsabilidad que en ese aspecto le compete. Afortunadamente no es así en todas las organizaciones, las cuales siguen haciendo públicas sus estimaciones de cosecha que, con mayor o menor grado de intencionalidad, porque también aquí hay que reconocer que los datos deben tomarse con cierta dosis de prudencia, sirven para que los operadores dispongan de una visión general bastante cercana a la realidad. De hecho, hoy, prácticamente las diferencias entre unas estimaciones y otras no existen más allá del momento en el que se han hecho públicas, pues con un margen de dos millones de hectolitros arriba o abajo podríamos decir que se encuentran todas en la misma horquilla.

Caso distinto son las existencias de inicio de campaña, la otra gran partida con la que conocer las disponibilidades del sector vitivinícola. Información que gracias al Infovi está disponible mucho antes de lo que era habitual cuando la tenía que hacer pública el MAPA y que nos ha permitido conocer con total exactitud que España inició la campaña 2019/20 con un veintinueve por ciento más de vino y mosto sin concentrar que lo hizo la pasada, e incluso la distribución por categorías y regiones de esos 38.846.179 hectolitros de stock.

Comentario vendimias

Si hay algo que, en los momentos en los que nos encontramos de vendimia, puede poner en peligro la gran cosecha 2019 que se espera son, precisamente accidentes meteorológicos como los acontecidos durante el pasado fin de semana. La presencia de una DANA (depresión aislada en niveles altos de la atmósfera) que se ha mostrado con una virulencia desconocida, arrasando allá por donde pasaba y afectando a una extensión geográfica tan amplia, como inesperada, y a la que ha llegado a castigar dos y tres veces; ha hecho saltar todas las alarmas en un sector vitivinícola que ya tenía las tijeras de vendimiar en la mano.

Las provincias de Valencia, Alicante, Murcia y Almería han sido las que más han sufrido las consecuencias más graves de la gota fría, habiéndose llegado a registrar hasta 450 l/m2 en 48 horas. Provocando graves daños en infraestructuras y en la viña en las comarcas de la Vega Baja, la Vall d’Albaida, la Costera y otras comarcas de la C. Valenciana. Según la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja), en una primera estimación orientativa calcula que más de 2.000 hectáreas de viñedo se encuentran dañadas y que podrían aumentar considerablemente e incluso extenderse a otras zonas si no cesan las lluvias.

Otras regiones como Castilla-La Mancha, Madrid e incluso Castilla y León, estando afectadas por esta gota fría, podríamos decir que se han librado de sus efectos más devastadores ya que ha llegado más debilitada y salvo municipios muy concretos, como Arganda del Rey (Madrid) que ya había sufrido una gran tormenta el pasado 26 de agosto, las lluvias podríamos calificarlas de beneficiosas para la uva de vinificación en estas regiones.

Las previsiones de una gran cosecha por calidad y producción media, estimada en los treinta y nueve millones y medio de hectolitros, mantiene esperanzado a un sector que, si bien sostiene los precios de la campaña pasada para la uva, ya ha comenzado a elevar sus pretensiones por los mostos y vinos con respecto a los precios que cerraron la pasada campaña 2018/19 y que no hicieron sino descender.