Wine in Moderation

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No hay ninguna duda de que el tema del consumo de alcohol por parte de menores de edad es un asunto de gran importancia, al que nuestras autoridades deben buscarle una legislación específica que sirva para prevenir y evitar este consumo. Dicho esto, no son los políticos, o esa al menos es mi opinión, quienes deben solucionar un problema social, que está mucho más cerca del ámbito educacional que del coactivo. Prohibir y sancionar está muy bien para quienes incumplan las normas, pero educar y formar deberían ocupar un lugar mucho más destacado en estas iniciativas. Perseguir y sancionar ejemplarmente a quienes vendan bebidas alcohólicas a los menores de 18 años es una obligación que ya hoy figura entre las de que tienen nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Endurecerlas y hacerlas cumplir podría ser un primer paso. Pero nada de todo esto tendrá ningún efecto si desde los hogares y los centros educacionales no se fomenta la concienciación sobre los efectos nocivos que un consumo desmesurado tiene sobre la salud de nuestros jóvenes. Y mucho me temo que esto no se soluciona con ninguna ley, ni prohibición. Y sí con mucha más formación por parte del colectivo docente y más labor de educación por parte de los padres. Pretender asumir el papel que deben jugar otros parece un tanto descabellado. No ya tanto porque las limitaciones para poder hacerlo sean muchas, como por la imposibilidad de hacerlo. Parece que la iniciativa presentada por el Grupo Socialista en el Senado, y respaldada por el resto de grupos, reconoce el problema del consumo de alcohol por los menores como un asunto polémico que requiere una visión global, que incluya aspectos sociales y educativos que influyen en el tipo de conductas de los jóvenes sobre el consumo excesivo e impulsivo. Pero convendría no olvidar la posición que en la etapa anterior del Gobierno socialista tuvo la entonces ministra de Sanidad, Elena Salgado, al respecto; y que, lejos de ir en esta dirección, señaló directamente a los fabricantes de bebidas alcohólicas, entre las que incluyó al vino, como uno de los responsables de esta situación. No hay ninguna duda de que el sector vitivinícola es uno de los más sensibilizados con este asunto. Lucha y promueve un consumo moderado e inteligente y se esfuerza por conseguir ligar cultura y consumo de vino. Dada la complejidad del fenómeno, convendría aprender de los errores del pasado y luchar por conseguir el apoyo de todos en un proyecto que requiere grandes esfuerzos y en el que no nos podemos permitir el lujo de limitarnos a señalar a nadie con el dedo como el único culpable.

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