Las vendimias en España

Estimación a 09 septiembre

El Covid-19 ha conseguido que ni volúmenes de producción, ni calidades, casi ni precios, importen.

Limpieza de manos, uso obligatorio de mascarilla en todo momento, gel hidroalcohólico, cuadrillas fijas y registradas, ordenamiento de los trabajos de corte por filas para que no se crucen, pruebas serológicas o PCR, control de las condiciones en las que viven los que no disponen de casa… Son algunas de las medidas más generalizadas impuestas que, hasta el momento, y confiemos en que así siga siendo, están sirviendo para contener los temidos nuevos focos.

Con el consiguiente encarecimiento de los costes, ahondando en las tradicionales discrepancias entre los precios ofertados por las bodegas y los pretendidos por los viticultores, que se declaran incapaces de poder vender constantemente por debajo de sus costes de producción.

La climatología se ha mostrado especialmente beligerante con el viñedo. Pues si bien le ha dotado de agua cuando todo parecía indicar un nuevo año caracterizado por la sequía allá por el mes de marzo, el alto grado de humedad del ambiente y unas temperaturas elevadas han representado un idílico escenario para el desarrollo de enfermedades criptogámicas como el mildiu u oídio. Sin que la botrytis haya pasado de largo, aunque, es cierto, con un grado de afección muchísimo menor.

Con mayor o menor esfuerzo, las bodegas están consiguiendo seleccionar y elaborar mostos de una buena calidad. Pero lo que no están consiguiendo es apaciguar los ánimos entre los viticultores, algo que, ni cadena de valor, ni estudios de costes, están consiguiendo solucionar.

Un consumo fuertemente afectado por el cierre de la hostelería y la pérdida de una parte importantísima del turismo, ha reducido considerablemente las salidas de bodega, con depósitos llenos que amenazan con llegar a ser un problema de capacidad y generar una delicada situación económica.

Ante este panorama, que el volumen sea de cuarenta y tres millones como pronosticó a finales de julio cooperativas, o por debajo de los cuarenta y uno que estimamos nosotros, con unos rendimientos en bodega inferiores a los habituales, carece de importancia en una cosecha que parece llamada, desde el principio, a ser de pura transición.

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