Un Cambio Climático que nos debería abocar hacia la excelencia

DOP Jumilla

Sin más argumentos que la pura intuición y los datos globales de las cuencas hidrográficas, podemos asegurar que la Semana Santa ha conllevado un gran alivio para nuestro viñedo. Muy probablemente, totalmente insuficiente para solucionar el profundo déficit hídrico que sufren las comarcas que se extiende a lo largo de la costa mediterránea. Ni solventa el problema, ni garantiza la cosecha venidera, pero ha sido un respiro para muchas vides que estaban en verdadero “estado de coma”, con la propia supervivencia de la planta en grave peligro.

Sus repercusiones en el mercado apenas se han dejado notar. Y, aunque aún es pronto para poder sacar conclusiones al respecto, es muy probable que no vayan a hacerlo (como tampoco lo hizo el hecho de cosechar una producción históricamente baja).

Las noticias deben venir del lado de la demanda, que es donde parece estar el problema, con un perceptible descenso en el consumo y unos ciudadanos con rentas disponibles que siguen teniendo otras prioridades que distan mucho de la de disfrutar de una copa de vino.

Con el horizonte mucho más allá de la actualidad inmediata (marcada por el mercado o las lluvias de esta última semana), tenemos que hacernos eco de un artículo publicado en la revista ‘Nature’ sobre “Los impactos del Cambio Climático y las adaptaciones de la producción de vino”, elaborado por el profesor Cornelis van Leeuwen de la Universidad de Burdeos, del que encontrarán un amplio resumen en nuestras páginas; sus declaraciones publicadas en el diario ‘El País’ han tenido una gran repercusión. Sabemos que el Cambio Climático está trayendo consecuencias sobre el cultivo de la viña y, aunque no es posible concretar mucho, pues éstas dependerán de cuáles sean las variaciones en las temperaturas; suponen un serio peligro para el 90% de las regiones vitícolas ubicadas en las regiones costeras y bajas de España, Italia, Grecia y sur de California.

Según el investigador, la adaptación de las variedades y portainjerto, sistemas de conducción y gestión de viñedos, pueden mitigar el problema, pero tendrán una importante repercusión sobre la producción y rentabilidad del cultivo. Así como una fuerte dependencia del riego y su disponibilidad.

Concluyendo que, a niveles de calentamiento globales inferiores a 2ºC, puede considerarse que estas actuaciones servirían para para más de la mitad de los viñedos tradicionales.

Si bien, básicamente, no dice nada que no supiésemos y sobre lo que muchos de nuestros viticultores llevan ya tiempo trabajando; hay que reconocer que su concreción debería ser un incentivo en el camino de la excelencia y valor añadido de nuestra producción.

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