Antes porque había poco, y ahora porque hay mucho

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Mientras las cervezas mantienen su escala alcista en los niveles de consumo nacional, el vino sigue su particular Vía Crucis de unas tasas que nos sitúan en el furgón de cola de los países productores y muy por detrás de otros, que aun no siéndolo, demuestran tener mucha más cultura, o al menos interés, por el vino que nosotros.

Sabemos, y para eso no hacen falta estadísticas, ni caros informes de prestigiosas consultoras, que el consumo de vino en España está en franca retirada. Que el sector no acaba de encontrar acomodo en los hábitos de consumo de la sociedad del siglo XXI, y que todo lo que se ha hecho hasta ahora no ha dado los resultados esperados. No hemos encontrado la forma de llegar a los jóvenes y mantenemos un lenguaje y unos canales de comunicación que rechazan o, en el mejor de los casos, les son extraños.

También sabemos que las iniciativas privadas buscan el fortalecimiento de la marca, siendo completamente accesoria la repercusión que sobre el conjunto del sector pudiera tener. O que los recursos disponibles son escasos y van dirigidos a los mercados exteriores, donde las bodegas obtienen mejores resultados, o cuando menos, en los que se muestran más esperanzadas de cara a incrementar su cuota de mercado y mejorar sus precios unitarios.

Pero lo más curioso pudiera ser, que con tanta claridad como saben todo esto, nuestras bodegas, son conscientes de que no se puede descuidar el mercado interior, ni el de cercanía. Que el pueblo donde tengo plantada la viña y ubicada mi bodega debe sentirse parte de ese vino; porque la razón de ser y las características que presenta se deben a ese arraigo geográfico y cultural. Pero sigue sin hacerse nada.

Con todos estos mimbres no es difícil entender que el tiesto en el que estamos poniendo el futuro de nuestro sector no está bien construido, que adolece de una base sólida sobre la que sustentar las acciones que se realicen y que carecemos de un proyecto nacional sobre el que desarrollar nuestro futuro. ¿Es necesario ese proyecto? ¿Resulta conveniente contar con un organismo que lo lidere?

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