Tocar de oído

Ni Infovi, ni Interprofesional, ni nada de nada. Está bien claro que el sector vitivinícola español está condenado a “tocar de oído” en la interpretación de la obra “Planificación de la campaña”. Ya que, si bien la misión del Infovi no es la de realizar previsiones de cosecha, más bien todo lo contrario, constatar evidencias, cuantificando el volumen exacto que hay en las bodegas; se tenía la esperanza de que, con la publicación mensual de las estadísticas, se tuviera una herramienta eficaz con la que concretar los volúmenes y poder establecer una estrategia comercial para la campaña que evitase la especulación.

El papel de estimación que no realizaba el Infovi, el Mapama también ha dejado de ejercerlo, dado que en sus avances mensuales de producción y superficie ha dejado de publicar la estimación de vino y mosto y se limita a dar la de uva de vinificación. Cuestión no baladí ya que, lo que en principio podría ser más o menos equiparable realizando la correspondiente transformación en función de los rendimientos, estos cambian de campaña a campaña. La Interprofesional (OIVE) también ha pasado de puntilla, y eso que en los primeros días de septiembre tuvo lugar una reunión entre Ministerio y OIVE para analizar precisamente este tema e intentar tener una idea mucho más exacta de la cosecha que la que ha existido en años anteriores.

Las cifras demuestran que todo esto ha servido, relativamente, para poco. Primero porque aquellas estimaciones de una cosecha histórica basadas principalmente en la entrada en producción de nuevas plantaciones, fueron superadas por aquellas otras que, al amparo de la sequía y la fuerte ola de calor, apuntaban hacia producciones inferiores a las del pasado año. Segundo, porque el resto de los países productores no son muy diferentes a nosotros, y también ellos han acabado sucumbiendo a esta moda de estimar menos cosecha de la que han acabado teniendo. Y tercero, porque, al igual que en otras campañas, las cotizaciones han surfeado la vendimia en la cresta de la ola y la calma puede llevarlas a niveles más por debajo de los previstos.

Al menos siempre nos quedará el consuelo de confiar en el extraordinario potencial de nuestros vinos y la excelente calidad de la cosecha.

Convendría estar atentos

Han sido necesarios más de diez meses para no cambiar nada. O al menos bien poco. De hecho, en el Ministerio que nos atañe, salvo la incorporación de la Pesca en su nombre, pasando de Magrama a Mapama, todo lo demás, incluida su titular, Isabel García Tejerina, sigue siendo lo mismo.

Y casi mejor que así sea. Ya que, al margen de opiniones personales sobre el partido que debe gobernar, o la persona más indicada para ocupar el puesto de titular de esa cartera, pende sobre todos nosotros una peligrosa “espada de Damocles” que se llama 5.500 M€ con los que la Comisión Europea nos obliga a ajustar nuestros presupuestos y que, amén de subidas de tipos en las retenciones de las grandes sociedades, algún ajuste más habrá que hacer para cumplir con la CE.

¿Se verá afectada la agricultura, alimentación, pesca y medio ambiente en este recorte de gasto?       Contestar ahora mismo se hace bastante complicado, especialmente porque creo que ni tan siquiera ellos mismos (presidente y ministros del área económica) lo saben. Pero, por si acaso, convendría estar atentos. No vaya a ser que nos pase como en muchas ocasiones, que cuando nos queramos dar cuenta sea ya demasiado tarde.

En un principio y considerando las escasas competencias que nos quedan en estos temas, el primer impulso nos lleva a pensar que no debiera ser un ministerio muy afectado por cualquier recorte que pudiera producirse en el gasto. Pero, si consideramos que cada vez son más las medidas que requieren de una cofinanciación y que la tendencia en la Unión Europea es ir reduciendo su presupuesto en la Política Agraria. O que las legislaciones nacionales parecen estar recuperando protagonismo, ante una tendencia de simplificar lo máximo posible la legislación europea. O la propia demanda existente en algunos pesos pesados de la Unión, partidarios de dotar de mayor autonomía a los Estados Miembros con la que permitirles hacer frente a todos estos movimientos rupturistas y antisistema que están surgiendo en prácticamente todos los países de la Unión (con el mejor ejemplo posible en el “Brexit”), convendría estar atentos.

Si, además, tenemos en cuenta que el tema del vino es abordado por algunos políticos como un producto alcohólico, nocivo para la salud y causante de un grave problema entre nuestros jóvenes llamado alcoholismo de fin de semana (Elena Salgado y su propuesta cuando estaba al frente del Ministerio de Sanidad, es un buen ejemplo de esta casta de políticos simplistas y con soluciones populistas a los problemas importantes), convendría estar atentos.

Pero, si todo esto no es suficiente motivo para reforzar los esfuerzos por defender el Vino y su labor educacional en los jóvenes, o su papel vertebrador de la sociedad en muchos pueblos de España. Incluso su importancia en nuestra balanza de pagos, siendo un sector netamente, casi exclusivamente, exportador. Hay otro asunto que nos debería hacer estar más atentos todavía. Y es la posibilidad de que se imponga un tipo impositivo al vino diferente del que actualmente disfruta y que, como bien saben, es cero. Esa posibilidad existe desde el mismo momento en que se le fijó.

Y cuando los gastos sociales adquieren un notable protagonismo en las negociaciones que mantienen los partidos políticos que pueden dar sustento al Gobierno y permitirle aprobar los Presupuestos Generales de Estado para 2017, imposibilitando la subida de los impuestos más impopulares como son el del Valor Añadido (IVA) o el de la Renta de las Personas Físicas (IRPF), los de segundo nivel, especialmente los indirectos como son los de los hidrocarburos o especiales, adquieren un peligroso protagonismo por el que convendría estar atentos.

Años en los que nos jugamos mucho

Ni por la elevada suma que representa (6.242,5 M€), ni por la función que desarrolla de reconversión y reestructuración, promoción en terceros países, inversiones, pago único, etc., el sector vitivinícola europeo está en disposición de prescindir de los Programas Nacionales de Apoyo a partir de 2018, cuando concluye el actual periodo 2014-2018. Los constantes anuncios de la Comisión Europea sobre la revisión del Marco Financiero Plurianual 2020-27, las consecuencias que pudiera tener el “Brexit” de Reino Unido previsto, a más tardar, para 2019; o la desviación de fondos que está suponiendo la política social (inmigración, refugiados, fronteras, crecimiento, empleo…) o medioambientales; hacen temer una reducción notable en los fondos destinados a la Política Agraria Común (PAC), que acaben teniendo importantes consecuencias sobre los Programas de Apoyo al Vino.

Dicho lo cual, al menos tenemos la voluntad política de la Comisión, anunciada por la coordinadora de estos Programas, Chiara Imperio, quien confirmó oficialmente que existe una “intencionalidad y voluntad política” de prorrogarlos durante un nuevo periodo (2019-2023). Así como que se alarguen hasta el 2020-21 los actuales a fin de garantizarnos su existencia, con independencia de lo que sucediera con el Marco Financiero 2020-27.

Pero si atentos habrá que estar a este tema en los próximos meses, no menos importancia demanda la situación competitiva de nuestro país. Asunto analizado por el OEMV en un informe para el Magrama y que bajo el título “La situación competitiva de los vinos españoles en el mundo y previsiones de evolución” fue presentado a representantes del sector y entre cuyas principales conclusiones destacaríamos que para un horizonte de 2025 España exportaría 31,8 Mhl por un valor de 4.174 M€, gracias a un precio medio de 1,48 €/litro, que tendría su explicación en un cambio del “mix” de producto, en el que aumentarían los vinos envasados hasta el 35,1% del total, los espumosos al 6,8% y reduciéndose los graneles al 58,1%, que aumentarían su precio gracias a pasar de graneles básicos y “anónimos” a varietales.

Confiemos en que la frialdad y escepticismo con los que fue recibida esta proyección por parte de una fracción importante de los presentes en la reunión entre Magrama y sector, tenga poco grado de cumplimiento y las dotes de analíticas del Observatorio se cumplan. Por el bien del sector.

¿Y ahora qué?

Las vendimias van tocando a su fin, los mostos terminando sus fermentaciones y la comercialización de mostos y vinos adquiriendo un gran protagonismo, propio del comienzo de campaña pero que, sin duda, condicionará fuertemente su evolución, al menos la de los próximos cinco o seis meses hasta que empecemos a ver cómo ha evolucionado el viñedo, información con la que comenzar a elucubrar con posibles nuevas cosechas.

Vigilar de cerca lo que suceda con los mercados exteriores es una tarea que no debería ser ajena a ningún operador. No en vano es con gran diferencia nuestro mejor cliente y al que le vendemos prácticamente el sesenta por ciento de nuestra producción. El resto va a consumo interno, mostos y destilación para la obtención de alcoholes de uso de boca; utilidades que todas juntas están muy por debajo de nuestras exportaciones.

Durante el mes de julio ya pudimos observar una cierta ralentización de la marcha de nuestras ventas al exterior con una pérdida del 3,5% en volumen si hablábamos de vino exclusivamente pero que se elevaba hasta el 10,8% cuando incluíamos aromatizados, mostos y vinagres. Al contrario de lo que sucedía con el valor que aumentaba un 2,1% y un -0,8% respectivamente.

La duda estaba en saber si se trataba de una circunstancia normal del mercado ante la reducción de la oferta y la llegada de la nueva cosecha, con pretensiones algo más elevadas por parte de todos los vendedores. O si, por el contrario, se trataba de un cambio de tendencia en el mercado que fuera consolidándose con el paso de los meses.

En campañas no muy lejanas tenemos un perfecto ejemplo de cuál es la reacción del mercado a una elevación en el precio medio. Y sabemos que por más margen que nos digan los expertos que tenemos, dada la gran diferencia que existe entre nosotros y el siguiente país que más barato vende sus productos vitivinícolas de menor precio; el mercado acaba reaccionando de manera inversamente proporcional.

Lamentablemente los datos del mes de agosto no nos permiten pensar que se trata de una situación pasajera en la que no se vuelva a repetir esa reacción. Elevar nuestro precio hasta los 1,17€/litro en vino frente al 1,08 del interanual anterior es muy bueno, pero eso ha supuesto en términos de valor crecer un 1,19% a costa de perder en términos de volumen un 5,3%, siendo los vinos tranquilos a granel los que (con una pérdida del nueve por ciento) mayor parte de esa disminución han tenido que soportar, mientras que los envasados apenas bajaban medio punto porcentual.

Todos, desde bodegas a organizaciones e instituciones, coinciden en señalar que las circunstancias de una estimación de producción en la Unión Europea de 165,6 millones de hectolitros (-5%), pérdida que a nivel mundial llega hasta el (-6%) ante las malas cosechas de Argentina y Chile, son muy positivas para nuestras aspiraciones y que debemos ser inteligentes y aprovecharlas para mantener los volúmenes e incrementar razonablemente los precios. Hasta el momento esto no se ha producido, pero habrá que confiar en que, conforme vayamos disponiendo de una información más precisa de las cosechas, la situación vaya cambiando y haciéndose realidad nuestros deseos.

Mención especial merecen los datos del INFOVI correspondientes al mes de agosto, no ya por su contenido, huérfanos de parámetros con los que poder compararlos. Pero que suponen un gran paso hacia adelante en todo lo referente a disponer de una información actualizada y fiable del sector. Así como la puesta en marcha de una Extensión de Norma que, con su emisión a finales de este mes de la primera factura a los operadores, iniciará la recaudación de unos fondos encaminados a conocer mejor las necesidades del sector, mejorar la información y recuperar el consumo interno.

Informe Vendimias

Normalidad y vendimia parecen dos conceptos contrapuestos, ya que todos los años se produce alguna circunstancia que dota de cierto grado de incertidumbre a la campaña de vendimias. Se antoja algo natural, puesto que pensemos que en apenas dos meses, los que transcurren desde que a mediados de agosto se inician por el sur de España, hasta la primera semana de noviembre, fecha en la que acabarán en aquellos parajes más tardíos del Alto Ebro o Duero, el sector vitivinícola se juega buena parte de su campaña.

Lamentablemente en aquellos vinos de alto precio, el coste de la uva (por más que sea en estos vinos donde su valor absoluto es más alto) representa una parte muy pequeña de su valor. Y es en los de menor precio dónde sí existe una relación muy directa que condiciona altamente su competitividad y, por ende, su comercialización.

Hablar de subidas de precio de un veinte o treinta por ciento, como ha sucedido este año en la zona de Castilla-La Mancha en algunas variedades con respecto a las del año pasado no es ninguna cuestión baladí de cara a pretender mantener los volúmenes de exportación actuales o afianzar la tímida recuperación que muestra el mercado interior.

Afortunadamente, España es un país de una gran riqueza vitivinícola, basada en su diversidad y excepcionales condiciones naturales de cultivo. Y este año han sido precisamente estas dos circunstancias las que mejor han definido la cosecha.

Cantidades que han oscilado de manera pendular en función del momento en el que nos hemos encontrado y sobre las que ahora intentaremos profundizar un poco más; y una calidad que ha permanecido inamovible en sus cuotas más altas. Dándose la circunstancia de que lo sucedido en prácticamente toda nuestra geografía podría ser una base estupenda para desarrollar un proyecto de zonificación del viñedo en España.

Las diferencias entre los viñedos de secano y regadío se han hecho palpables, pero para “todo”, no solo (como ha sucedido en otras campañas), para señalar aquellos viñedos donde la producción ha sido más o menos abundante. La resistencia a los fuertes calores, las diferencias entre maduraciones alcohólicas y fenólicas, incluso el propio comportamiento ante las plagas de enfermedades criptogámicas, han sido claros ejemplos de por qué un viñedo de setenta años está donde está. Y debe seguir estándolo.

Si analizamos la vendimia desde un punto de vista de la cantidad, las cosas son mucho más sencillas, es más, incluso predecibles. A las primera estimaciones que manejaba el sector de una extraordinaria cosecha que pudiera superar la histórica del 2013, le sucedieron otras que fueron frenando tanto entusiasmo, hasta incluso dejarla a más de un diez por ciento por debajo de la del pasado año. La evolución de la climatología y, una vez más, el comportamiento de la planta, hicieron que, ni unas, ni otras, acabaran acertando, acercándonos mucho a lo que fue la anterior campaña. O al menos esa es nuestra opinión en base a la información que durante estos dos meses hemos ido recabando de decenas de pueblos, bodegas, organizaciones o estamentos públicos. No todos ellos coincidentes pero que, convenientemente modulados, nos han permitido elaborar nuestra propia estimación de cosecha.

Pero antes de entrar en una información más pormenorizada de las principales características que han definido cada una de las zonas de producción, deberíamos decir que, a pesar del REOVI e INFOVI, el sector ha seguido fijando precios de uva, mostos y vinos sin más información que la disponible por cada uno de los operadores. Si bien el Magrama tan solo ha publicado (hasta la fecha) los avances de producción de uva de vinificación, no de vino y mosto, correspondiente a los meses de julio y agosto; lo que nos ha obligado a tener que “convertirlo” aplicando los rendimientos obtenidos el año pasado en cada una de las provincias españolas; ahora ya solo nos queda confiar en que la periodicidad de una información mucho más exacta y el buen sentido de nuestros operadores, nos permita desarrollar una cosecha en la que sepamos aprovechar la gran calidad de nuestros vinos y las bajas producciones del resto de países productores para elevar la valoración de nuestros productos con la que poder hacer rentable y sostenible el viñedo.

Una campaña sosegada

Aunque, de momento, seguimos presentando unos datos de comercio exterior satisfactorios, ya que en datos interanuales (agosto’15-julio’16) el valor de nuestros vinos sigue siendo un 2,1% superior a los del mismo periodo anterior, el volumen ya ha comenzado a dar síntomas de agotamiento, y su cifra bajado un 3,5% en términos generales de vinos y llegando a un 5,7% si nos referimos a los graneles.

¿Preocupante? Pues de momento creo que no. Al fin y al cabo los movimientos deben presentar oscilaciones y, considerando las expectativas que se manejaban en las estimaciones de producción, no son cantidades que debieran ponernos sobre aviso ante cualquier cambio traumático para nuestro comercio.

Aun así, y pendientes de conocer en los próximos días los datos de exportación referidos a agosto, convendría no olvidar lo sensible que se muestra este mercado a los cambios bruscos en los precios. Y lo rápido que reacciona, mostrando una correlación inversa casi perfecta en las cantidades.

Los precios en España han subido, en términos generales. Uva, mostos y vinos, que conforman la gran mayoría de esa partida que vendemos como vinos a granel, han aumentado, y en algunos casos con crecimientos en porcentaje que van más allá de los dos dígitos. Repercutirlos es la reacción más natural, y muy posiblemente a la que aspiren la inmensa mayoría de las bodegas y cooperativas. Reforzados por previsiones de cosecha inferiores en todos los países productores del mundo, lo que reduce sustancialmente las alternativas posibles a nuestros productos. Pero, cuidado, porque, con independencia de lo que podamos acabar encontrándonos cuando hablemos del conjunto de la campaña, en el mes a mes, especialmente los primeros de esta campaña, podemos asistir a un ralentización del mercado, con una presencia apenas testimonial de compradores extranjeros (como nos aseguran ya está sucediendo con los siempre manipuladores italianos) que ante la situación del mercado han reducido sustancialmente su presencia y mermado sus ofertas y operaciones.

Tenemos una excelente ocasión para afianzar mercados, mejorar posiciones y valorizar nuestros productos. Contamos con una calidad extraordinaria, que nos permite situarnos como los mejores del mundo. Ahora solo necesitamos que el querer ser demasiado ansiosos y querer ganar en una campaña lo que no hemos sido capaces de hacer en muchas no lo arruine.

Informe Vendimias

Pasada la festividad del Pilar las vendimias van llegando a su fin y, aunque el retraso de entre diez y quince días sobre la campaña anterior ha sido prácticamente generalizado en todas las provincias españolas, llega el momento de ir haciendo balance de la cosecha.

Siempre en términos generales (ya tendremos ocasión de entrar en detalles en nuestro extraordinario dedicado a las vendimias de la próxima semana), podríamos decir que la calidad ha estado a un máximo nivel. Mildiu y otras enfermedades criptogámicas como el oídio se han dejado notar en numerosos viñedos, pero la rápida y eficiente actuación de nuestros viticultores dejó sus efectos prácticamente en el campo de lo anecdótico, sin más repercusiones que el consiguiente gasto que representa su tratamiento.

Gastos que si bien no siempre han tenido su contraprestación en el precio de la uva con el que se han rubricado los obligatorios contratos, ya que ha habido numerosas regiones en las que los precios apenas han experimentado variación con respecto a los del año pasado, en otras donde el volumen es muy importante, como pudiera ser Castilla-La Mancha, las grandes bodegas acabaron cediendo a las presiones de los viticultores y corrigiendo aquellas cotizaciones con las que abrieron la vendimia.

Mucho más satisfactoria ha resultado la calidad que ha presentado el fruto, con un estado sanitario que roza la perfección, y con algunos parámetros, como el grado, ligeramente más bajos. Lo que dado el equilibrio fenólico permitirá elaborar vinos más acordes a las demandas de los mercados.

Por último, nos quedaría hacer referencia a la cantidad, dato nada desdeñable para poder entender lo que está sucediendo en el mercado, o lo que pueda acabar ocurriendo en los próximos meses con las cotizaciones de los vinos, hasta ahora en clara fase creciente, pero cuyo futuro está fuertemente condicionado a la evolución de nuestras exportaciones. No hay que olvidar que el exterior es el destino donde encuentran acomodo prácticamente dos litro y medio por cada uno que se consume en el mercado doméstico, y altamente sensible a giros bruscos en los precios.

Pues bien, aunque en un primer momento todo hizo indicar que la fuerte sequía de los meses de agosto y primera quincena de septiembre, acabaría pasando factura y lo que se preveía una cosecha histórica, no solo no lo sería, sino que terminaría estando por debajo de la del pasado año; las lluvias de la segunda quincena de septiembre y primera de octubre han permitido recuperar una pequeña parte de la producción, lo que permite hacernos pensar que podemos estar hablando de una cosecha global que estaría en el entorno (millón arriba o abajo) de los cuarenta millones y medio de hectolitros.

Un largo camino por recorrer

El futuro del sector, al menos en lo que mi imaginación da, está bien claro que pasa por la exportación, ya sea manteniendo aquellos mercados en los que hoy somos líderes, o abriendo otros con nuevos productos de mayor valor añadido. Sin entrar en muchas disquisiciones sobre lo posible y lo imposible, la realidad acaba imponiéndose a los deseos y nuestro porvenir pasa, irremediablemente, por esta evolución.

La misma entrada en producción de países hasta ahora insignificantes en el panorama vitivinícola mundial, o los cambios en la demanda de unos consumidores con unos estilos de vida por conocer, hacen que esta evolución se vaya imponiendo y de nuestra capacidad de adelantarnos a esos cambios y adaptación a lo que vaya sucediendo dependerá nuestro nivel de éxito.

La globalización de los mercados, la homogeneización de las sociedades y los consumidores, son factores que pueden ayudarnos en esta evolución que debemos realizar. Pero, cuidado, porque cuando hablamos de posibles ventajas también lo estamos haciendo para nuestra competencia, lo que hace que cualquier oportunidad sea también una amenaza.

Uno de los aspectos que deberíamos analizar con algo más de profundidad de lo que normalmente lo hacemos no es tanto el tipo de producto que exportamos y el bajo precio al que lo hacemos, como los países a los que les vendemos y la órbita comercial en la que se encuentran. Considerar la Unión Europea como un mercado exterior bien podría considerarse, en sí mismo, una contradicción, ya que el propio espíritu de su existencia es la libre circulación de personas y mercancías por su territorio. Un Mercado Único.

Según los datos de la Comisión Europea, durante 2015 las exportaciones Extra UE-28 fueron de 21,972 Mhl, 9.813,3 M€ y a un precio medio de 4,47€/litro. Cifras que en sí mismas puede que no nos digan mucho. Ahora bien, si tenemos en cuenta cuál es nuestro peso (el de España) en esas cifras, a lo mejor podamos sacar alguna conclusión, aunque sea muy superficial.

En volumen, España contribuyó al comercio extra UE-28 con 5,749 Mhl (26,16%), Francia con 5,897 (26,84%) e Italia 6,556 (29’84%), como podemos ver cantidades muy similares. Menos parejas resultan las cifras correspondientes al valor, donde con 1.037 M€ España solo contribuyó con un 10,58%, cuando Italia lo hizo con 2.603 M€ (26,53%) y fue Francia la que más aportó, un 46,86% con sus 4.599 M€. Resulta fácil imaginar que si combinamos adecuadamente estos dos valores tendremos unos resultados en cuanto al precio medio donde no salimos muy bien parados. Haberlo hecho en el conjunto de la extra UE-28 a 4,47€/l y que nuestro país sea el que más bajo lo ha hecho de todos los países productores con un precio medio de 1,81 €/l cuando Portugal lo hizo a 2,25, Italia a 3,97, Alemania a 4,71 y Francia a 7,8 €/l, nos puede dar una idea bastante exacta del largo camino que nos queda por recorrer.

Y de las muchas posibilidades que tenemos, pues, al margen de cuestiones de índole crematística, deberíamos animarnos al comprobar como al tercer país al que más le vendemos y, sin duda, el objetivo prioritario de todo el comercio mundial: EE.UU, lo estamos haciendo a 4,20 €/l, por encima de los 4,02 de Italia o los 4,00 a los que lo hace Portugal, aunque muy lejos de Francia con sus 10’31€/l. Y a que en ese gran mercado de futuro, que todos se empeñan en señalar, que es China, tenemos todavía un gran tramo por recorrer ya que somos los que más barato de todos vendemos: a 1,48, cuando el precio medio es de casi el doble, 2,88 €/l. Situación que se repite prácticamente con el resto de países, donde todos nuestros socios comunitarios venden a un precio muy por encima del que lo hacemos nosotros.

Informe vendimias

Lentamente. Este sería el adjetivo que mejor definiría la evolución de la vendimia 2016. Y es que la excelente calidad del fruto que le ha proporcionado un estado sanitario espectacular se está viendo un tanto trastocada por una maduración lenta y pesada.

Ya no es un problema de que volvamos a fechas en las que, no hace muchos años, eran habituales ver los remolques transitar por las carreteras, o que el Pilar suponga el inicio de la vendimia en muchas localidades de la Ribera del Duero y del Ebro, es que incluso en estas zonas, las bodegas se están viendo obligadas a planificar la vendimia con varias pasadas ante lo irregular que se presenta un mismo viñedo.

Es una vendimia, que como bien decía un buen amigo experto viticultor, serviría perfectamente para levantar un mapa con un perfecto detalle de cada una de las parcelas, que nos permitiría conocer dónde sí y dónde no debería estar el viñedo plantado.

La parcelación, que tanta polémica ha creado en estos últimos meses en alguna denominación de origen, está poniéndose en evidencia de manera incontestable este año. Y aunque aún es muy pronto para aventurar si esta diferenciación tendrá su reflejo en los vinos, todo hace indicar que sí, que también en el destino al que irán a parar estas uvas marcará la diferencia entre aquellas parcelas dignas de los mejores productos y aquellas que deberán formar parte de las grandes producciones.

También en los precios a los que se están comprando las uvas se está poniendo de manifiesto esta diferencia, con oscilaciones que pueden a superar fácilmente los treinta céntimos de euros por kilo. Y eso, a pesar de que prácticamente en todas las regiones vitícolas españolas se ha operado con precios entre un diez y un veinte por ciento por encima de los del pasado año.

Falta información

Hasta ahora cuando el Ministerio de Agricultura publicaba una estimación de cosecha nos lamentábamos de que esta presentaba grandes diferencias con las realizadas por otras organizaciones o las nuestras mismas, y que al final la realidad acababa aproximándose mucho más a estas que a las publicadas por el organismo oficial. Eso, además de que se publicaban a destiempo, ya que en octubre trabajábamos con datos de julio.

La puesta en marcha de la Interprofesional del Vino (OIVE), entre cuyos objetivos fundacionales se encuentra el de disponer de una información estadística veraz y actualizada con la que permitir trabajar sin las interferencias de especuladores basadas en bulos y comentarios interesados; prometía acabar con esta situación.

Primero la creación del Registro REOVI y posteriormente el INFOVI debían proporcionar mensualmente una información exacta de la situación de existencias y cosecha que acabaría de una vez por todas, con esta situación de provisionalidad y discrepancia que presentaban las diferentes fuentes.

De los numerosos problemas a los que se han tenido que enfrentar los operadores a la hora de cumplir con sus obligaciones y presentar las declaraciones mensuales, con continuas modificaciones que hicieran ágil y operativa una aplicación informática que pasaba por alto cuestiones de cierta importancia propias de este sector en cuanto al movimiento de mercancía, mejor no vamos a hablar. O de los sucesivos aplazamientos que fueron produciéndose hasta su puesta en funcionamiento. Por no hablar de quién iba a ser el organismo que tuviera la potestad del tratamiento de la información para su posterior remisión a los organismos competentes, como pudiera ser la propia Interprofesional, sin cuya información no es posible llevar a cabo la aplicación de la Extensión de Norma, y en consecuencia, la recaudación que la ponga en marcha de manera efectiva. No vamos a hablar más, pues es conocidos por todos y confiamos en que llegados hasta aquí no nos reste mucho tiempo para que esté todo solucionado y operativo.

El problema es que antes, a estas altura de campaña, disponíamos de, al menos, dos estimaciones de cosecha del Magrama, la correspondiente a los meses de junio y julio, que aunque, como decía, no muy exactas, al menos eran una orientación para el sector. Pues bien, este año, en el que en teoría la información iba a ser mucho más completa y válida para el sector (solo es válida la información si está actualizada), resulta que el Ministerio se ha descolgado con no publicar estimaciones de producción de vino y mosto, haciéndolo solo de uva de vinificación.

¿Coherente?

No lo sé. Pero lo más extraño es que por parte del sector tampoco se oyen muchas voces lamentando esta ceguera informativa.