Por un bien mayor

No corren buenos tiempos para el sector vitivinícola.

Lo cierto es que para ninguno.

La llegada al poder del país más poderoso del mundo del presidente Trump ha hecho saltar por los aires el orden mundial que hemos venido construyendo, cuando menos, desde la Segunda Guerra Mundial. Principios tan básicos como la legalidad y el respeto a los acuerdos firmados han sido dinamitados, los contrapoderes definidos para que esto no sucediese aniquilados y, a modo de matón de colegio, las amenazas de invasión y las venganzas y represalias en forma de aranceles se imponen. Poniendo en peligro el equilibrio mundial de fuerzas bajo el que se aseguraba el respeto de las naciones.

Situación que se asemeja bastante a las vividas en otras épocas de nuestra historia de ingrato recuerdo y que ha tenido importantes precursores en algunas de las acciones que últimamente han venido emprendiendo otros líderes de las otras más importantes potencias mundiales. Los que parecen haber llegado al acuerdo de “repartirse el mundo”. Como si hablásemos de un tablero de “Risk”. Partida a la que, bajo el eufemismo de “situaciones geopolíticas”, asistimos el resto de países con la esperanza de no situarnos en su punto de mira.

Y claro que el sector vitivinícola se está viendo afectado, especialmente en el consumo. Cómo no lo va a estar, cuando la seguridad sobre la que se basa el desarrollo y su consiguiente gasto está en cuestión.

Y si es cierto que la situación excede con mucho la capacidad de acción del sector y de sus operadores. Sólo bajo la fortaleza de la unión será posible sobreponernos a estos tiempos tan difíciles que, esperemos en no mucho tiempo, sean sólo una pesadilla que no debiéramos olvidar en muchos años.

Es posible que aquellos que defienden que el consumo de alcohol es perjudicial para la salud desde el primer gramo, tengan razón. Yo prefiero ponerme del lado de aquellos que siguen creyendo en la famosa curva en “J”.

O que la Cultura del Vino y la Dieta Mediterránea no sean más que excusas para justificar el consumo de vino. Aunque tampoco en esto esté de acuerdo.

Pero es que, ahora mismo, lo que cada uno de nosotros pensemos carece de importancia frente a los problemas a los que nos enfrentamos. Y apoyar a los viticultores y bodegueros que hacen posible el mantenimiento de la población en las zonas rurales, la generación de riqueza mediante la economía circular y la minimización de los efectos que sobre nuestra geografía están teniendo los episodios de largas sequías o torrenciales lluvias son objetivos mayores.

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