Preparados para lo que venga

Una de las primeras, si no la primera, cuestiones que todos nos planteamos ante un cambio en el comportamiento de los consumidores es si nos estamos enfrentando a una situación transitoria, motivada por cuestiones puntuales y cuya reversión puede ser más o menos inmediata; o si, por el contrario, responde a cuestiones de un mayor calado y cuyos efectos perdurarán en el medio y largo plazo.

Y, aunque en el sector vitivinícola ya pocos son los que no consideran que los cambios a los que nos estamos enfrentando son de carácter coyuntural, y su adecuación requerirá medidas de hondo calado. No todos (o al menos no se pronuncian al respecto) llegan a asumir públicamente que sus consecuencias afectarán directamente a la superficie de viñedo. Y que sólo con cambios de la magnitud de la disminución del potencial de producción, como supone el arranque del viñedo, será posible hacer frente a la actual situación de disminución de consumo que estamos viendo en las cifras de consumo interno y comercio exterior.

Cómo de profunda puede ser esta crisis, definida esta como momento de cambio sustancial, y qué número de bodegas, viticultores, superficie e incluso cooperativas se va a llevar por delante es la gran incógnita a la que nadie es capaz de “ponerle el cascabel”.

Para lo bueno y para lo malo, el sector vitivinícola mundial no está inmerso en un modelo económico dirigido y, consecuentemente, es imposible ordenar el cambio. Si bien, sí podría ser posible contar con análisis y estrategias que, a cada uno de los colectivos, les permitieran tomar medidas que fueran en la misma dirección y persiguieran los mismos objetivos.

Perder hectáreas y despoblar pueblos son realidades a los que nos deberemos enfrentar irremediablemente. Hacerlo de una forma ordenada podría ser, además de más eficiente, menos traumático.

Francia, según los datos consolidados por FranceAgriMer, eliminará cerca de 28.000 hectáreas, un 3,6% de las 766.608 con las que cuenta actualmente. Si bien el plan nacional de arranque aprobado afectaría a 32.500 hectáreas y su dotación alcance los 130 millones de euros (4.000 euros por hectárea)

Con datos tan preocupantes como que el departamento de La Gironda (Burdeos) concentre el 28% de esas solicitudes de abandono y Gard (Côtes-du-Rhone) el 12%. Siendo las hectáreas dedicadas a la elaboración de vinos tintos las que acumulan el 83% de las hectáreas que desaparecerán y el 65% operen amparados por algún sello de Indicación de Calidad (denominación de origen).