No son datos para tirar cohetes. Mucho menos para dar por resuelto un tema que nos está trayendo de cabeza, y no es previsible que deje de hacerlo en el corto plazo, como es el consumo. Pero, al menos, los datos del consumo aparente que se desprenden del Infovi correspondiente al mes de febrero, presentan una ligera recuperación, poco menos de sesenta y ocho mil hectolitros. Lo que, comparado con lo que llevamos perdido en esta campaña, más de cuatrocientos mil hectolitros (431.980), no es que sea una cifra para alegrarnos, pero sí, al menos, para mirar al futuro con algo más de optimismo y que nos permiten abrazar la idea de una ruptura de tendencia y albergar la esperanza de una recuperación (si no, al menos, pensar que ya hemos tocado fondo).
Una vez más son los tintos los responsables de esta situación. Y, del mismo modo que cuando ha caído el consumo han jugado un papel preponderante en esta pérdida de consumo, en esta ocasión, cuando se recupera, es esta categoría la que lo hace posible con un aumento del 1,22% sobre el dato del mes anterior, en tanto en cuanto, los blancos apenas crecen un 0,07%.
Aspecto, en mi opinión, nada desdeñable si queremos recuperar consumo, ya que, a juzgar por estos datos, no parece que los blancos tengan mucho más recorrido de crecimiento y que tendrán que ser los tintos los que crezcan si queremos volver a cifras de meses anteriores.
Es una cuestión de ¿frescura, ligereza, sencillez, precio…? Que cada uno saque sus propias conclusiones. Pero, que lo haga pronto, porque estos niveles de consumo hacen imposible sostener la actual estructura del sector vitivinícola español y… cuando el problema es estructural, ya sabemos todos por dónde van las medidas que hay que adoptar.
Ahora sólo falta que, en dos semanas, cuando conozcamos los datos de exportación de febrero, estos presenten también un cambio de tendencia en sus cifras. Aunque los conflictos geopolíticos, como han acordado llamar a lo que toda la vida hemos conocido como guerras, no resulten muy favorables.
Pero quién sabe, igual en esta ocasión sí somos capaces de aprovechar el factor “bajo precio” de nuestros vinos para recuperar ventas. Cosa que a la salida de la pandemia no supimos (o pudimos) hacer y hemos tenido que ver cómo todos los demás países productores han crecido mucho más que nosotros. Lo que, por cierto, igual también nos debería hacer reflexionar sobre esa teórica ventaja competitiva de los bajos precios.
