Zarcillos 2013

Del 21 al 24 de mayo, el jurado de los Premios Zarcillo 2013, cató las 1.819 muestras pertenecientes a 469 bodegas presentadas a concurso, de 20 países diferentes. Una cantidad de muestras que ha situado a los Zarcillo, organizados por la Junta de Castilla y León, como el quinto concurso internacional en cuanto al número de muestras y el primero de ámbito nacional, de los reconocidos por la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV).

Este certamen ha concedido 14 Grandes Zarcillos de Oro (la máxima categoría), 118 Zarcillos de Oro y 318 Zarcillos de Plata, según se desveló el pasado 5 de junio. En cuanto a los Grandes Zarcillos de Oro, dos son blancos, cinco pertenecen a la categoría de tintos, otros seis a la denominada otros vinos dulces (en la que se incluyen los dulces y los de uva sobremadura), y uno a la categoría de vino de licor. De ellos, 10 proceden de España, tres de Alemania y uno está elaborado en la República Checa.

Los vinos Bagús 2010, Viña Tuelda 2010 y Bellori Joven 2012, al ser los vinos de Castilla y León con mayor puntuación, recibirán una beca de apoyo a la comercialización exterior, con una aportación de 50.000 euros.

Un desplazamiento peligroso

Durante esta campaña estamos disfrutando a un equilibrio casi perfecto entre producción (252 millones de hectolitros) y consumo (243Mhl) a nivel mundial (según los datos del informe estadístico 2013 de la OIV, presentado recientemente), lo que ha propiciado un importante aumento en las cotizaciones, como es fácilmente comprobable con las cotizaciones que publica Sevi.

Estabilidad que poco a poco, y con la mirada ya puesta en la próxima cosecha, va diluyéndose, devolviendo los precios a niveles “más normales” para nuestro mercado que, especialmente, permitan afrontar la vendimia con costes asumibles por el mercado. De manera transcendental en el exterior, en el que vendemos más del doble de lo que consumimos dentro, y que cuya actividad exportadora se ha visto fuertemente afectada por estos altos precios t ay como se desprende de la información publicada en Sevi.

Aunque no solo los precios están alterando nuestras ventas exteriores, también represalias comerciales como la llevada a cabo por el gigante chino quien, en respuesta a las medidas provisionales adoptadas contra sus placas solares en Europa, ha decidido frenar las importaciones de vino con origen europeo alegando prácticas de dumping y subsidios ilegales. Situación que aunque todavía tardará unos meses en poder ser aplicada, podría suponer un importante problema para un buen número de nuestras bodegas, que han visto en este país un destino en el que colocar una parte importante de sus vinos de bajo precio, especialmente graneles.

La reacción de la Unión Europea no se ha hecho esperar, pero teniendo en cuenta los antecedentes en este tipo de conflictos, y la rapidez con la que actúa la UE y los diferentes intereses que debe defender –y no todos coincidentes-, es de esperar alguna consecuencia.

Un buen ejemplo de este buen hacer comunitario podría ser lo que está sucediendo con los derechos de plantación, asunto al que el sector asiste atónito a interminables discusiones sobre porcentajes de autorizaciones nacionales y plazos que, sin quitarle un ápice de la importancia que tienen, desvían bastante la mirada sobre el que a mi juicio es el “gran problema” al que deberíamos enfrentarnos: el desplazamiento del consumo hacia fuera de la Unión Europea. Al que estamos combatiendo con grandes cantidades de dinero, incentivando a nuestras bodegas a cubrir esas demandas justificando que es la única posibilidad de supervivencia que tienen, pero obviando todo aquello que va detrás del consumo, como es la producción, control de mercado, dominio de los precios, manejo de la distribución,… por no hablar de aquellas de la tercera ola de consecuencias relacionadas con el medio ambiente, despoblación de áreas rurales y pérdida de tejido productivo.

Adaptarse o morir

Ya comprendo que cada Denominación de Origen o colectividad es muy libre de elegir cuáles son las reglas con las que quiere jugar en el mercado; y sus empresas de acatarlas y adherirse a ellas. El problema viene cuando muchas de esas normas tienen su propia razón de ser en argumentos denostados y trastocados.
No vamos a descubrir nada nuevo si les digo que el vitivinícola puede ser uno de los sectores productivos en los que los cambios son más difíciles de realizar, precisamente por la gran carga de tradicionalidad que lleva implícita el propio vino. Aunque, a lo mejor, sí podría hacerlo si les digo que mientras nosotros seguimos mirándonos el ombligo, nuestros competidores se adaptan a los gustos y demandas de los consumidores. Pero tampoco esto es novedad. No al menos en estas páginas.
En las más de doscientas páginas que siguen a esta, van a tener ocasión de estudiar con detalle lo que ha sucedido con nuestro mercado exterior, sabrán cómo han evolucionado nuestras exportaciones por Denominaciones de Origen, pero también tendrán una visión más generalizada del conjunto que complementa a la perfección el caso particular de cada país de destino.
Si analizan con un poco de detalle una mínima parte de la información que les facilitamos en este número comprobarán que la situación va desde tipos de vino y mercados en los que apenas ha habido cambios con respecto a lo que ha venido sucediendo en años anteriores, a aquellos otros en los que prácticamente lo hemos perdido todo.
Desafortunadamente todavía hoy la gran mayoría de nuestras ventas son de vino a granel, por lo que hablar de presentaciones o tipos de envases podría sonarnos extraño o demasiado lejano. Pero algún día sustituiremos esa cisterna o contenedor por un envase con su presentación propia de la marca, generaremos valor añadido en el producto que nos permita la fidelización de los consumidores.
Los mercados evolucionan muy deprisa, las realidades de hoy son pasado en apenas cinco años. La distribución y canales de venta del vino pueden ser un buen ejemplo de lo que les estoy diciendo. Pero nosotros seguimos empeñados en manejar organizaciones con estructuras pesadas y excesivamente burocratizadas.

Mirando al mercado

Les aseguro que mi último comentario sobre la demora con la que aparecen las estadísticas en nuestro país no ha tenido nada que ver con la publicación, el pasado lunes 15, por parte del Fega de las declaraciones de producción de la campaña 2012/13. Me gustaría decir que sí, que desde el Ministerio se nos lee (algo que sí podemos afirmar con rotundidad) y se nos escucha (lo que sin duda estaría mucho más cerca de la soberbia que de la realidad). Pero no, esto no ha sido más que una pura coincidencia que nos permite disponer de una cifra que va más allá de rumores y comentarios.
¿Sirve de mucho a estas alturas de campaña tener el “primer” dato oficial de la cosecha que se inició el 1 de agosto (hace ocho meses y medio)?
A esa pregunta mejor no voy a responder y si hay alguien a quien desde el Ministerio escuchen, o desde las comunidades autónomas, o delegaciones de agricultura, que también ellos tienen una buen parte de responsabilidad en este tema; pues si quiere hacerlo, que lo haga. Que exijan de una vez disponer de información fidedigna y actualizada de la situación de las cosechas que les permita planificar campañas y establecer precios acordes al mercado.
El caso es que la cosecha ha sido de 30.391.216,14 hectolitros de vino y 3.850.011,87 de mosto; lo que representa una pérdida con respecto a la declaración del año anterior del 6,37% y 18,77% respectivamente. Merma que, sin duda importante, no explicaría por sí misma el aumento que experimentaron los precios de las uvas que se incrementaban día a día, de los mostos o de los vinos. Para lo que tendríamos que considerar otros factores, a mi entender mucho más importantes, como serían lo sucedido con las cosechas de los países de nuestro entorno en aquellos momentos o los del hemisferio sur en estas últimas semanas.
¿Qué va a pasar a partir de ahora? Pues, muy posiblemente, lo mismo que si no hubiésemos tenido esta información hasta dentro de un tiempo. Que el sector irá amoldando sus cotizaciones a las condiciones del mercado e intentará aliviar parte de las pérdidas que cotizaciones anteriores, imposibles de repercutir en los productos envasados, les han obligado a soportar en sus estrechos márgenes.
Ya que mucho más importante que lo que ésta sucediendo en nuestro país, o incluso en los países de nuestro entorno geográfico, es lo que está ocurriendo en Argentina o Chile, donde los precios de las uvas han caído una media del 30% en Argentina y del 23% en Chile. Pero más destacable resulta el precio de sus vinos que van desde los 2,71 €/hgdo del vino País, a los 5,09 €/hgdo de los Cabernet Sauvignon, los 4,44 €/hgdo de los Semillón o los 3,05 €/hgdo de los tintos genéricos.
Cotizaciones que podrían ayudar a entender mejor lo que está sucediendo con los precios de nuestros vinos y el cumplimiento de los contratos: unos cayendo y otros viéndose incumplidos. Pues aunque preguntadas las bodegas no son tantos los plazos de retirada y pago que no están viéndose satisfechos; y menos todavía las partidas que restan en las bodegas disponibles para su venta, la sensación que tiene, al menos una parte de la demanda, es que esta situación puede estar sosteniéndose de una forma artificial y que, más tarde o temprano, las cotizaciones deberán ir al entorno de los cuatro euros por hectogrado para el tinto y sobre los cuatro cincuenta para los blancos. Precios que ya en alguna operación es posible encontrar, pero que, de momento, sigue resultando conveniente no dar por generalizados.
Sin duda, habrá que esperar próximos acontecimiento y estar muy pendiente del mercado, ya que se avecinan tiempos en los que nos tengamos que arrepentir de algunas cosas que nos han hecho perder mercado externo sin ganar valor. Aunque, de momento, el precio unitario del vino haya crecido de manera espectacular.

El sector, un poco más allá de esta campaña

Doctores tiene la Iglesia, y sesudos expertos el sector (casi tantos como bodegas), por lo que no vamos a descubrir ahora que la subida de los precios tendría una repercusión, más o menos acorde a la importancia del aumento, en las cifras de exportación. Como tampoco que gracias a la reducida cosecha de Francia o Italia, principalmente, ha sido posible sostener esas exportaciones y que sus repercusiones sobre el valor y volumen han resultado menos perjudiciales de lo que en un principio cabría esperar, vista la virulencia con la que se ha producido.

Datos que, a pesar de lo que podamos pensar a tenor de las declaraciones de algunos importantes bodegueros, preocupan menos que el simple hecho de simplemente imaginarse la posibilidad de que después de haber comprometido una parte importante de las compras para esta campaña, sufrieran un derrumbe sus cotizaciones que pusiera en jaque esas operaciones.

Incluso el simple hecho de tener que hacer frente a las necesidades de financiación de las bodegas llegada la fecha de retirada ya supone un problema que cada una está solucionando como sus arcas le permiten y dando cumplimiento a los contratos en un grado que podríamos calificar de bastante aceptable.

Quizá sea porque Argentina o Chile, países a los que se mira como posible punto de procedencia de esa producción alternativa no lo están siendo tanto hasta ahora y Brasil o Sudáfrica cuentan con unas producciones muy limitadas.

Sabemos que nuestro futuro, pero especialmente nuestro presente, pasa sí o sí por el mercado exterior, por el mantenimiento de las cuotas de exportación alcanzadas en estos últimos años y por el aumento de unos precios que nos sitúan a la cola del vagón de cola de los países productores. Llevamos muchos años haciendo grandes esfuerzos por conseguir mejorar la imagen de nuestros vinos en los mercados internacionales, por trasladar graneles con escaso valor añadido y reducida fidelización en el consumidor, hacia embotellados con mayor margen y conocimiento por parte del comprador; invirtiendo enormes cantidades de dinero que no podíamos ni imaginar fuéramos capaces de hacer en esta tarea. Y, sencillamente, no podemos permitir que se vaya todo al garete porque los precios en origen se disparen y hagan insostenible los mercados. Con un claro ejemplo en Rusia.

Cuidado con lanzar las campanas al vuelo

Si de algo podemos presumir desde este sector, es de exportar. Unas veces por miras de futuro y, otras más, por necesidad, la verdad es que las bodegas españolas llevan muchos años dedicando grandes esfuerzos, de todo tipo, a abrir nuevos mercados y consolidar los ya existentes.

Por primera vez en la historia, durante el primer trimestre de este año nuestro saldo comercial general (diferencia entre los bienes y servicios que vendemos y los que compramos) ha registrado un dato positivo de 600 millones de euros. Consolidando así las previsiones formuladas por la Comisión Europea, en el pasado mes de febrero, en el que le auguraba a nuestro país ocupar la cabeza en el crecimiento de sus exportaciones, dando por válidas las previsiones del Ejecutivo que prevé este año se cierre con un saldo positivo.

Dicho así no parecería una mala noticia, si no fuera porque frente al aumento de la competitividad de nuestras empresas, que les ha permitido aguantar el chaparrón mucho mejor que Francia (-2,3%) o Reino Unido (-3,1%) en febrero (los datos de marzo no se conocerán hasta el viernes), se encuentra la caída del consumo e inversión de nuestras mercantiles.

Las cifras de nuestras exportaciones ponen en evidencia el gran esfuerzo realizado por el conjunto del sector, pero no solo eso. También sacan al aire algunas de nuestras miserias, como la gran rigidez de los mercados ante el crecimiento de los precios y que ha provocado un descenso notable en su volumen.

Dejando a un lado cuestiones de índole macroeconómico, convendría no olvidar que no es lo mismo productividad que competitividad, o que los datos de crecimiento no siempre son positivos, especialmente si estos encuentran su razón de ser en la caída del consumo interno.

Ya sé que dicho bajo este panorama puede sonar un tanto cicatero, pero es que es fundamental recuperar el consumo interno, de vino y de los demás bienes y servicios. Los aires que hoy nos son favorables pueden volverse contra nosotros y no podemos olvidarnos de que nuestro futuro está en los jóvenes y que estos necesitan una educación y formación en el consumo, también de vino.