Los datos de agosto dibujan una fotografía del sector vitivinícola español en la que se observan dos realidades bien diferentes, un adelanto clamoroso de la vendimia, que encuentra su explicación en las condiciones meteorológicas bajo la que se ha desarrollado la campaña. Y unas utilizaciones, con el consumo como elemento vertebrador que mantiene la tendencia negativa iniciada ya hace demasiados meses y a la que no acertamos a fijar su suelo; junto a unas exportaciones que se están viendo afectadas por la globalización de ese problema que acucia al consumo mundial.
El adelanto de las vendimias se puede ver claramente con el dato de la producción de uva, que alcanza los 1.508,58 millones de kilos, un 122,8% más que el mismo mes de 2025. El crecimiento es especialmente intenso en las variedades tintas, con un incremento del 193,2%, frente al 94,7% de las blancas. La producción de vino sigue la misma tendencia: 10,614 millones de hectolitros, un 124,7% más en agosto.
Lo que, conviene destacar, no supone que la producción vaya a ser mayor, sino simplemente que se ha adelantado en dos semanas, haciendo que cifras que debieran estar recogidas en el mes de septiembre, lo han estado en agosto.
Lo que no sucede, ya nos gustaría que fuera una simple traslación cronológica, con el consumo aparente interanual que cae un 8,3%, hasta los 8,96 millones de hectolitros, mientras el consumo per cápita retrocede un 9,1%, hasta los 18 litros. La contracción afecta tanto al vino envasado, que pierde un 4,2%, como, especialmente, al granel, cuyo descenso alcanza el 39,4%.
El dato del consumo resulta particularmente preocupante porque y son muchos meses en los que mantiene una tendencia negativa, acercándose peligrosamente a la cifra más baja registrada de 8,8 Mhl en febrero de 2021 y que estuvo condicionada por el cierre total de la hostelería cuando la pandemia.
Las exportaciones interanuales bajan un 12,8%, hasta los 17,073 millones de hectolitros. La Unión Europea retrocede un 17,7%, mientras los mercados de terceros países apenas avanzan un 1,5%.
El resultado de esta combinación aparece reflejado en las existencias. El vino almacenado por productores de al menos 1.000 hectolitros y almacenistas suma 37,279 millones de hectolitros, un 19,7% más. Si añadimos el mosto, las existencias finales alcanzan los 40,112 millones, con un incremento del 21,9%. El vino a granel crece un 24,6%, hasta los 31,169 millones de hectolitros, mientras el mosto aumenta un 61,1%.
El mercado, por desgracia, no entiende de expectativas: entiende de demanda, precios y ventas. Conviene recordarlo antes de que las existencias terminen dando la razón a quienes llevan tiempo advirtiendo que el problema del vino español no es únicamente cuánto produce, sino cuánto consigue vender y en qué condiciones.
