La verdadera cosecha: recuperar al consumidor

La campaña 2025/26 terminó dejando una conclusión que debería preocupar bastante más al sector de lo que lo hacen, por sí solas, las cifras de producción o de existencias del Infovi correspondiente al mes de julio: el consumo interior de vino continúa perdiendo terreno y se sitúa ya en apenas 8,964 millones de hectolitros.

Y ahí está el verdadero problema.

España ha producido esta campaña pasada 28,97 millones de hectolitros de vino y 4,17 de mosto, un 10,0% menos que en la precedente, después de que la entrada de uva en bodega descendiera casi un 10,8%, hasta 4,41 millones de toneladas. También las salidas y movimientos de vino se redujeron, un 7,1%, hasta los 48,12 millones de hectolitros. Sin embargo, al finalizar la campaña, las existencias de vino y mosto sin concentrar apenas han variado y se mantienen en torno a los 30,43 millones de hectolitros.

Los números dibujan, una realidad no por conocida menos incómoda: producimos menos, movemos menos y seguimos acumulando prácticamente el mismo vino. Y si a ello añadimos que el consumo interno apenas alcanza esos 8,964 millones de hectolitros, la ecuación resulta todavía más difícil de resolver.

Porque una cosa es vender vino y otra muy distinta conseguir que se consuma. Podemos aumentar las exportaciones, buscar nuevos destinos, competir en los mercados internacionales y mover millones de hectolitros de granel. Todo ello es necesario. Pero no puede ocultar indefinidamente la pérdida de músculo de nuestro propio mercado.

El dato del consumo debería obligarnos a mirar hacia dentro. No basta con preguntarnos cuánto vino queremos producir, ni siquiera cuánto somos capaces de exportar. La pregunta incómoda es otra: ¿por qué en un país productor como España cada vez cuesta más convertir el vino en una bebida habitual para el consumidor?

Mientras tanto, el sector continúa apoyándose en una enorme capacidad exportadora. Los datos orientativos del Infovi sitúan las exportaciones de vino de la campaña en 16,93 millones de hectolitros, aunque con un retroceso significativo respecto a la campaña anterior. Y más de la mitad de ese volumen corresponde a vinos sin Indicación Geográfica. Volumen, sí; pero con demasiada frecuencia, valor insuficiente.

Quizá haya llegado el momento de asumir que el problema vitivinícola español no se solucionará únicamente ajustando la oferta. Si la demanda interna se reduce hasta 8,964 millones de hectolitros, la política sectorial, la promoción y la propia estrategia comercial deben preguntarse cómo recuperar al consumidor.

No se trata de beber más por beber más. Se trata de que el vino vuelva a ocupar un lugar razonable en la cultura gastronómica y social, especialmente entre las nuevas generaciones, desde la moderación, la información y la calidad.

Porque podemos arrancar hectáreas, reducir cosechas y gestionar stocks. Pero si no conseguimos que vuelva a crecer la demanda, estaremos actuando sobre las consecuencias mientras dejamos intacta la causa.

Y esa es, probablemente, la cifra que más debería hacernos pensar al cerrar la campaña: 8,964 millones de hectolitros de consumo interior. Demasiado poco para un país que quiere seguir siendo una potencia mundial del vino,

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